Agus y Daky. Dos personas opuestas que vivían dos
mundos opuestos.
Él siempre serio y formal, acostumbrado a una rutina
de trajes y oficina, le gustaban la puntualidad, el orden y las cosas
estructuradas.
Ella, una loca bohemia, no tenía rutinas ni horarios y
le gustaban las cosas simples: Bailar en patas, caminar abajo de la lluvia y
pisar los charquitos, y besar abajo de la luna llena.
Cualquiera hubiera pensado que éstos dos jamás se
hubiesen mirado. Y, sin embargo, una noche, en un bar, el destino los juntó.
Daky entró con su mejor amigo al mismo bar donde Agus
y sus amigos hacían el after office. Uno de los muchachos la conocía y la llamó
para que se acercase. Daky avanzaba por el local del brazo de su acompañante,
cuando, al pasar por detrás de la silla de Agus, como estaba más salida que las
demás, se tropezó con la pata y se fue al suelo, haciendo que encima se le
rompiera el taco.
- ¿Qué hacés tarado? - fueron las primeras palabras
que Agus escuchó de la boca de Daky
- ¡Yo no hago nada! Vos sos la torpe que viniste y me
llevaste puesto - contestó sin mirarla
- Ayudame al menos - le tendió la mano - Uff se me
rompió el taco – bufó
- Vení, a ver... - Agus le tendió su mano.
“Te vi llegar del brazo de un amigo
cuando entraste al bar
Y te caíste al piso, me tiraste el
pingüino, me tiraste el sifón
Estallaron los vidrios de mi corazón”
Cuando sus manos entraron en contacto, y se miraron
fijo a los ojos, a los dos les pasó algo raro en el cuerpo. Una sensación rara
e inexplicable, como un cosquilleo, como un escalofrío que les erizó la piel.
- ¿Estás bien? - dijo Agus y tragó saliva
- Ahora, perfecta... ¿Se nota que no estoy
acostumbrada a los tacos, no? –
- Un poco... - rió Agus
- Ah, veo que ya se conocieron - dijo el amigo en
común que tenían - Ojo con esta que es una loca, Agus –
- ¡Andá! - le palmeó el hombro a su amigo - ¿Agus te
llamás? –
- Agustín, sí... –
- Yo soy Daniela, pero me dicen Daky –
- ¿Daky? ¿Y por qué no Dani como a todas las demás? –
- Porque yo no soy como el resto... –
- ¿En qué sentido? –
- Conoceme... - le guiñó el ojo y se fue a sentar
junto al chico con el que venía.
Esa Daky, tan atrevida, tan osada, con tanta energía,
apabulló al serio Agus, le rompió todos los esquemas, quería seguir
conociéndola pero temía que ese chico que la traía del brazo fuese su novio y
encima hacerles pasar un mal momento.
Daky bebió y bebió sin importarle nada a su alrededor,
se mataba de risa en un tono de voz muy alto, tocaba suavemente a sus amigos
cuando le hablaban y destilaba buena onda para todos lados. Agus la observaba,
callado, mientras intentaba deducir si realmente ese otro hombre era el novio.
“Te vi bailar, brillando con tu
ausencia sin sentir piedad
Chocando con las mesas, te burlaste de
todos, te reíste de mí
Tus amigos escaparon de vos”
Apenas comenzaron a poner unas cumbias noventosas,
Daky se mostró desesperada para salir a bailar.
- Lástima que se te rompió el taco - dijo Agus, al fin
emitiendo palabras después de mucho tiempo
- ¡Cómo se nota que no me conocés! Nunca bailo con
zapatos - rió y salió a bailar, bastante descontrolada, como si no hubiera
nadie más ahí
- Está re chapita - dijo uno de los amigos de Agus, y
todos coincidieron
- Mejor vamos a encarar minitas o algo - dijo otro, y
de golpe Agus se vio sentado solo en la mesa.
“Y a mí me volvió loco tu forma de
ser
A mí me vuelve loco tu forma de ser
Tu egoísmo y tu soledad
Son estrellas en la noche de la
mediocridad”
Cuando terminó el tema, Daky se acercó a la mesa.
- Si buscás a tu novio, se fue por allá - señaló Agus
- ¿Qué novio? - carcajeó Daky
- Con el que llegaste del brazo... -
- ¡No es mi novio! Es mi mejor amigo, le dije de
entrar así para joderlo - rió más fuerte. A Agus nunca se le hubiera ocurrido
agarrar a una de sus amigas del brazo. Cada vez le impactaba más esta mujer.
Daky se acomodó en una silla al lado de él.
“Me vuelve loco tu forma de ser
A mí me volvió loco tu forma de ser
Tu egoísmo y tu soledad
Son joyas en el barro de la mediocridad”
- ¿Qué estás tomando? Hace como dos horas que lo tenés
ahí –
- Mojito, ¿Querés? –
- Obvio... ¿No te gusta? –
- No soy de tomar mucho alcohol - le dijo, mientras
ella bebía. Hizo fondo blanco y dejó el vaso a un lado, mientras le sonreía.
- Daky, yo... - Agus no supo qué decirle y la quiso
besar, pero ella se resistió. Se hizo para atrás, incómoda, y se largó a
llorar. - ¡Noo, no llores! –
- ¡Andate! - lo empujó ella - Siempre lo mismo, una es
copada y se piensan que les tirás onda - decía mientras lloraba desconsoladamente
- No llores Daky, perdoname - le acarició la cabeza
- ¡No me toques! –
- ¡No grités, que no te estoy haciendo nada...! Má'
sí, arreglate sola, estás re loca... - Agus intentó irse y Daky empezó a llorar
con más fuerza. Agus se sintió culpable por lo que dijo y volvió - No, no te
puedo dejar así, llorando - dijo enternecido
- ¿No me estás jodiendo? - dijo Daky, dejando de
llorar para mirarlo
- ¡No, para nada! Sos hermosa, sos una bomba... Por
eso te quise besar... Perdoname... –
- Es que no estoy acostumbrada a que lo hombres me
quieran, siempre me usan y se burlan... –
- ¡No, yo no haría eso! - le acarició la mejilla - No
es mi estilo encarar igual... Nunca me dan bola las chicas - se rió
- ¿Ay por qué? - ahora fue ella quien le acarició la
mejilla - Yo sí te daría bola... –
- ¿Ah sí? - sonrió Agus entusiasmado
- Sí - dijo Daky y le dejó un sonoro beso en la
mejilla, al mismo tiempo que se iba a bailar de vuelta.
“Viniste a mí, tomaste de mi copa,
me sonreíste así
Nadando en tu demencia no sabía qué hacer,
te traté de besar
Me pegaste un sopapo y te pusiste a llorar”
Ese beso fue suficiente para que Agus se quedara embobado. Observó un rato a Daky hasta que uno de sus amigos se hizo presente.
- ¿Todavía acá? Te va a ver la loca –
- ¡No le digas así! –
- ¿Qué, te gustó? Está re loca esa mina Agus –
- Dejala en paz, ni la conocés... –
- Vos tampoco... Y por lo poco que vimos ya me di
cuenta cómo es - la observó bailar - Es re grasa, pero le doy eh... –
- ¿Qué te pasa boludo? - se enojó Agus
- ¿Te gustó la loca? Tranqui, te la dejo para vos, por
ahí te la robo un rato, pero la cojo y te la devuelvo... –
“Me vuelve loco tu forma de ser
A mí me volvió loco tu forma de ser
Tu egoísmo y tu soledad
Son estrellas en la noche de la
mediocridad”
El aire altanero de su amigo, mezclado con las cosas
que estaba diciendo hicieron que Agus se enojase en serio. Se fue directo al
humo y le pegó, como pudo, tres piñas. Daky se acercó.
“Me vuelve loco tu forma de ser
A mí me volvió loco tu forma de ser
Tu egoísmo y tu soledad
Son joyas en el barro de la mediocridad”
- Ey, ¿Qué pasó? - Agus la vio y se incomodó
- ¡Daky! Este gil está diciendo boludeces –
- Le dije que te voy a coger –
- ¡Callate vos! - Agus volvió a pegarle
- ¡Pará Agus! No vale la pena... Yo nunca estaría con
alguien como él -
- ¡Andá loca! ¡Yo tampoco estaría con vos, si estás
más loca que una cabra! - se dio media vuelta y se fue
- Perdón Daky, vas a decir que soy un tarado –
- Gracias por defenderme - le sonrió
“Y a mí me volvió loco tu forma de
ser
Me vuelve loco tu forma de ser
Tu egoísmo y tu soledad
Son estrellas en la noche de la
mediocridad”
Agus se tiró el lance de vuelta. Si no era esta vez,
no era nunca. La besó y esta vez ella no se apartó. Le siguió el beso, se
abrazaron y se besaron, y Daky hasta lo sacó a bailar un tema, a él que
prácticamente no sabía moverse, pero se habían divertido.
Cuando llegó la hora de irse, Agus le ofreció
llevarla.
- Sí, ¡Eso sí voy a aceptar! Me encanta bailar en
patas, pero no me veo caminando en patas por Rivadavia - rió a carcajadas
- Bueno, ¿Vamos? –
- Vamos... –
Daky lo quiso agarrar del brazo, pero él la agarró y
la cargó en sus brazos y la sacó de esa manera, mientras Daky se moría de risa
y lo besuqueaba.
“Me vuelve loco tu forma de ser
A mí me volvió loco tu forma de ser
Tu egoísmo y tu soledad
Son joyas en el barro de la mediocridad.”
La mejor decisión que pudieron haber tomado ellos fue
haber ido al mismo bar, el mismo día y al mismo tiempo, y de esa forma haberse
conocido. Cada uno tenía lo que necesitaba el otro. Daky le trajo alegría y
emoción a la vida de Agus y él le dio la tranquilidad que tantas veces le hacía
falta. Eran dos mitades que estaban esperando encontrarse y ahora formaban un
todo. El complemento perfecto.

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