“Quemando la turbina te escapás
¿Vas a volver a herirme otra vez?”
Lali, con su remera escotada, con su minifalda, y con
sus botas de media caña, subió a su automóvil. Cerró la puerta, colocó la llave
en el tambor y lo encendió. Pisó el embrague, puso primera y aceleró con una
mano en el volante, mientras con la otra le tiraba besos a Vico, que la miraba
desde su portón.
“En tu ternura está acechándome
Una buena traición de mujer
Que echa hielo y brasas en mi corazón
(Fumando en la oscuridad)”
Apenas Lali desapareció, doblando la esquina, Vico
cerró con furia el portón, algo desvencijado, que daba entrada a su casa. Él
había preferido quedarse del lado de afuera. Ya estaba anocheciendo, y era un
buen momento para estar solo con sus pensamientos. Sacó un cigarrillo de la
caja de Marlboro que tenía en sus bolsillos, lo encendió y pitó bien fuerte,
sintió al humo en su garganta y luego en sus pulmones, y exhaló con un soplido.
Vico se quedó mirando a un punto fijo en el asfalto
mientras pensaba en Lali. Él la amaba, era lo más lindo que le había pasado en
el último tiempo, y sin embargo no entendía cómo podía ser tan dulce y tan
maligna, tan cálida y tan fría a la vez.
“Sobrio no te puedo ni hablar
Estoy perdido sin mi estupidez”
Vico había conocido a Lali en el casamiento de unos
amigos que tenían en común. Él la miró toda la noche, pero no se animaba a
hablarle, le parecía demasiado linda como para darle bola a un pobre tipo como
él, se sentía nada al lado suyo. Hasta que, entrada la noche, él había tomado bastante,
y se animó a acercársele. Hablaron, bailaron y hasta se besaron. Su amigo le
advirtió que tuviese cuidado con ella; y Vico no había entendido por qué
tendría que haber tenido cuidado con esa dulce muñequita. Hasta que tiempo
después lo comprendió.
“Un auto guapo va a venir por vos
Y nada va cambiar
Vas a vivir en el Delta, en un lanchón
Buscando de qué reír”
Hacía tres meses que estaban y no estaban. Eran todo y
eran nada a la vez. Lali, estando con Vico, era tierna, demostrativa y le daba
amor, que iba más allá del sexo. Podrían haber sido una pareja perfecta, pero
Vico era pobre. Era un pibe de barrio, como cualquier otro, y eso chocaba con
las ambiciones de la frívola Lali. Ella soñaba con vivir en una isla del Tigre,
anhelaba tener un yate que llevase su nombre, y moría por tener un guardarropas
lleno de prendas y perfumes importados. Era, sin dudarlo, una vida de lujo que
Vico no podía darle ni aunque volviera a nacer.
“Con las piernas más bonitas
Las más lindas piernas que vi
Y un juego rico de amores
Caída libre para dos”
Vico era consciente de que Lali tenía a otro hombre.
Ella misma se lo había confesado, pocos días después de conocerlo. Era un
hombre un poco mayor que ella, pero aún joven, candidato a intendente, y nacido
en cuna de oro. Era el que podía darle la lancha, la casa en el Delta, y la
indumentaria traída directamente desde París. El único detalle, importantísimo,
era que Lali no lo amaba. Eso también se lo había dicho a Vico el mismo día.
Por eso ella volvía una y otra vez a destinarle parte de su tiempo a él. Era el
único que la amaba, y ella lo hacía sentirse amado; cuando estaban juntos y se
olvidaban de que existían otras personas; cuando Vico se refugiaba entre sus
dos perfectas piernas y le hacía el amor como si afuera no hubiese nada. Pero
Vico no sabía si esto era un premio o un castigo.
Al otro día de ese suceso, Lali volvió a acudir, tal
como lo habían planeado. Él la había estado esperando ansiosamente, no le
importaba que el día anterior haya cenado en los mejores restaurantes ni que
haya tenido sexo en el más caro de los hoteles. Él tenía poco para ofrecerle,
pero el amor de ambos lo era todo.
“Le das la copa al fin al vencedor
Tarea fina perdida en mi soledad
No sé si no me gusta más que el rock
(Nunca la vi llorar)
Si no va sin freno no anda bien
Ni me encadena a su show”
Lali bajó del auto, otra vez mostrando sus bellas
piernas, que eran la parte de su cuerpo que más le gustaban a él, y a tantos
otros. Pero esta vez, su rostro no era el de siempre. No venía con la sonrisa
radiante ni con el brillo en los ojos. Sus rojos labios estaban serios, y su
mirada vacía.
- Lali, mi amor, te extrañé mucho - le dijo Vico, y a
continuación la abrazó. Ella se dejó abrazar, pero permaneció inmóvil, y no
correspondió al abrazo. - ¿Qué pasa? ¿Te pasó algo? ¿Te hizo algo el viejo gil?
–
- Vico... Lo nuestro se tiene que terminar... –
- ¿Qué? No me estarás hablando en serio, ¿No? –
- Sí, Vico. Tenemos que terminar con esto... –
- Ese fue el viejo que te metió ideas en la cabeza
seguro... –
- Él no me dijo nada. Ni siquiera sabe que existís -
Vico se sintió herido con esas palabras - Me voy a comprometer con él - remató
Lali, hiriéndolo por completo
- ¿Sabés algo? Al fin vas a vivir tu vida de niña rica
mimada como siempre anhelaste, porque tu vida es tan vacía que tu única meta es
ostentar lujos, pero no te das cuenta que de esa forma nunca vas a ser feliz,
porque vos a él no lo amás, y dudo mucho de que él te ame a vos –
Vico estaba enojado. Lali lo sabía, sabía que de otra
forma jamás se hubiera referido a ella así. A Lali le molestaron las palabras
de Vico, y quizás hasta reconocía que algo de razón tenía; pero prefirió no
darle demasiada importancia a las palabras de un iracundo. Lali lo besó sobre
los labios.
- Nunca me voy a olvidar de vos, y sé que vos tampoco
de mí, pero estoy a punto de realizar mi sueño... Sé feliz –
“Con las piernas más bonitas
Las más lindas piernas que vi
Y un juego rico de amores
Caída libre para dos.”
Lali terminó de decir esto, y se fue, haciendo resonar
sus pasos, contorneándose y moviendo sus piernas de manera provocativa. Le
había dicho a Vico que sea feliz, pero, ¿Cómo él iba a poder ser feliz sin
ella? ¿Sin su calor? ¿Sin su amor? ¿Sin su locura? ¿Sin sus lindas piernas
todas para él?
El único consuelo que tenía Vico, era pensar que las
palabras que le había dicho iban a ser ciertas, y que Lali, por más realizada
que se sintiera, por más llena de ego que estuviese, no lograse sentirse feliz
nunca; quizás, y sólo quizás, de este modo, regresase alguna vez a sus brazos
en busca de un poco de amor...

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