Una flor - Gastochi (Rochi y Gas)



Rochi estaba sentada sobre la cama, serían casi las tres de la mañana pero no había logrado conciliar el sueño. El frío y la humedad de aquella habitación le calaban los huesos, y ese mes no les había alcanzado para comprar la garrafa. El invierno ese año iba a ser duro.
Se levantó y caminó hacia una especie de moisés que le había improvisado a su pequeño hijo de cuatro meses, Ramiro, y lo acarició. El pobrecito estaba helado, y Rochi se sentía angustiada por no poderle dar una mejor vida. Agarró un saco de lana que le pertenecía y cubrió con él a su bebé, intentando darle un poco más de calor. Miró en su billetera, sólo tenía treinta y ocho pesos. Esa era toda su ganancia del día, se había pasado toda la tarde en la estación de Liniers vendiendo flores, y sólo había recaudado unos miserables treinta y ocho pesos que, con suerte, le alcanzarían para comprarle dos pañales a Ramiro el día siguiente, y rogar que no necesitase más de dos cambios de pañal ese día.
De repente, Ramiro largó un llanto fuerte, irrumpiendo en el silencio de la noche. Claro que silencio era sólo una forma de decir, vivir bajo el puente de la autopista significaba no conocer el silencio, y es que el tránsito nunca cesaba en la General Paz.
Rochi tomó en brazos a su hijo, lo meció hasta que logró calmarlo. Seguramente todo lo que ese bebé quería era un poco del calor maternal que sólo ella podía darle. Cuando volvió a dejarlo en su moisés, Rochi miró la hora. Estaban por ser las cuatro, y Gastón, su marido sin papeles, como decían siempre bromeando, aún no había regresado.

Ella buscaba un amor
Él saliendo del dolor
En la vida se cruzaron y todo marchó”

Rochi y Gas se habían conocido hacía solamente un año y medio, y sin embargo habían pasado muchas cosas juntos. Él tenía veintidós años, y limpiaba vidrios de los autos abajo del puente, justo donde ahora vivían. Había quedado solo cuando su madre había fallecido muy joven, producto de una tuberculosis, dos años antes, y en esas cuatro paredes de chapa se había armado su refugio. En comparación a sus conocidos, se sentía afortunado, al menos no tenía que dormir a la intemperie.
Rochi, por su parte, era la mayor de seis hermanos. Su madre pasaba olímpicamente de ella, ya que siempre estaba ocupada con los más chicos, y su padrastro la maltrataba y la acosaba sexualmente. Una noche, harta de las cosas que tenía que vivir, huyó de su casa. Se fue con lo puesto. Un jean gastado, una blusa desteñida, y ojotas. Se tomó el Roca y nunca más volvió a Villa Albertina.
Rochi, de sólo dieciséis años, vivió dos días en la calle, hasta que la encontró Gas. Se acercó a ella pensando que era una adolescente traviesa que se escapó de su casa atrás de un noviecito. Pero cuando Rochi le contó lo que le estaba pasando, Gas se dio cuenta que no era esa rubiecita inocente que pensó al verla. Rochi tenía tanta calle y tantas vivencias como él. Aun así, la calle no le pareció un lugar adecuado para tan bella señorita, y la invitó a irse a vivir con él. "De onda". Tan "de onda", que durante el primer mes, Gas durmió arriba de una manta en el suelo para dejarle a Rochi el único colchón que tenía en ese momento.

Para poder resistir
A su terrible adicción
Ella vendía sus flores en la estación”

Durante ese mes los dos se la rebuscaban como podían. Gas siguió lavando vidrios de autos. A veces vendían golosinas, accesorios y estampitas arriba de los trenes. A veces sólo se veían un rato por las mañanas. Rochi trató de convertir ese cuchitril en un hogar para los dos. Siempre le dejaba la comida lista a Gas, aunque a veces no compartieran la cena, y por las mañanas no faltaba el mate en el desayuno.

Y sola quedó
En lo oscuro de su habitación
Preguntándose es muy tarde y por qué él no volvió
Él sólo quiso llevarle una flor a su amor
Él sólo quiso llevarle una flor a su amor”

De a poco se fueron enamorando. Y cuando había pasado poco más de un mes de que Rochi había llegado a la vida de Gas, vino el primer beso. Y empezaron a dormir juntos, y a proyectar una vida. A veces se sentían mal, creían que ellos no eran dignos de tener sueños, ¿Cómo podían, viviendo casi en la miseria, atreverse a soñar con algo mejor?
Siempre que estaban en la calle, trabajando, ponían especial atención en la basura de las casas, ¿Cómo es que la gente tiraba todas esas cosas tan nuevas? Ellos podían darle un gran uso, y de a poco mejoraron algo su humilde morada. Con lo que recaudaban rebuscándoselas en la calle les alcanzaba bien para los dos. Tenían techo y comida, no se podían quejar. Pero un día, llegó una noticia que ninguno de los dos se esperaba y los hizo desestabilizar.

- Tronco - le dijo Rochi una mañana a Gas. Ella le decía así, cariñosamente, porque según ella, era muy terco cuando discutían. Muy duro. Como una madera.

- ¿Qué pasa má?

- Tengo un atraso

Rochi pronunció estas palabras y se desplomó en la cama, con una expresión triste en el rostro. Sólo hacía cuatro meses que estaban juntos. Ella no quería a ese bebé. No se veía siendo madre a sus dieciséis. Seguro que Gas tampoco iba a quererlo.

- ¿Pero, estás segura?

- Sí, que tengo un atraso es seguro... ¿Pero qué vamos a hacer, Tronco? Tengo miedo...

- Yo también tengo miedo, boluda... No vamos a poder con un guachín ahora...

Y no. No podían. A Rochi le hubiera gustado no tener que pasar por eso. No en ese momento. Pero, ¿Qué iba a saber ella de métodos anticonceptivos? Si su madre jamás le había hablado de nada. Su madre, esa misma que tenía seis hijos de cuatro padres diferentes. Y Gas, ¿Cómo iba a saber lo que era un preservativo si nunca tuvo una figura paterna que se lo enseñara?
Rochi pensó por un momento en el aborto. Ni siquiera estaba segura de tener un bebé en la panza, y sin embargo ya estaba pensando en cómo deshacerse de él. Pero no, un aborto era algo muy caro. No iba a poder juntar jamás la plata para llevarlo a cabo. Y así tuviera la plata, lo más posible era que terminase con una enfermedad de transmisión sexual. O peor aún, muerta. Porque las únicas que podían pensar en un aborto eran las hijas de los multimillonarios, que, a escondidas para evitar la vergüenza, le pagaban a un médico de una de las mejores clínicas para que saque a ese hijo no deseado.

- ¿Y qué vamos a hacer ahora? - dijo Rochi, con la voz temblorosa

- Y, tenerlo... Vamos a salir adelante, vas a ver, te prometo que voy a conseguir laburo y los voy a sacar de esta vida de mierda

Rochi sonrió. Sabía que al menos no estaba sola, sabía que ese pibe de veintidós, en lugar de irse y dejarla sola con el bebé, la iba a remar por ellos.
A los pocos días confirmaron el embarazo. Ambos siguieron trabajando en la calle. Gas buscaba trabajo desesperado, "de lo que sea", como contestaba cada vez que le preguntaban de qué estaba buscando. Pero no conseguía. Le cerraban las puertas cuando contestaba que vivía abajo del puente de la General Paz. Cuando decía que el máximo nivel de estudios que había alcanzado era cuarto grado. Cuando se daban cuenta que apenas sabía leer. Cuando comprobaban que no tenía más experiencia laboral que la venta ambulante.
Gas se sentía en falta con su familia por no poder cumplirles esa promesa que les había hecho. Se sentía deprimido, un ser inferior que no tenía nada bueno para dar. Rami ya había nacido y estaba pasando carencias. Ni él ni Rochi se merecían llevar esa vida. Rochi merecía tener una vida buena como la princesa que era; Ramiro iba a crecer y merecía ir a la escuela a estudiar y no perder su infancia pidiendo monedas a los autos que andaban por ahí.

Para poderla llevar
A un lugar mucho mejor
Él siempre salía de caño por Constitución”

Gas estaba desesperado. Y en ocasiones desesperadas, se toman decisiones desesperadas. Aunque tal vez no sean las correctas, ¿Quién puede decir en ese momento qué es lo correcto y qué no? ¿Quién puede ponerse a hablar de moral con el estómago lleno de alguna deliciosa comida y calentándose el cuerpo frente a una reconfortante estufa?

Ella nunca se enteró
Por qué él jamás regresó
En una noche rabiosa alguien se la dio”

Esa noche lo había decidido. Cumplían un año y medio con Rochi y no le había alcanzado para comprarle ni un miserable alfajor. Quería llevarle algún presente, y no tenía nada. Le temblaban las piernas, pero era por Rochi, sí, ella se merecía un obsequio por más humilde que fuera. Pero no, no se animaba. Gas fumó un poco de pasta base. Eso le iba a dar valor. Él generalmente no consumía, pero en esa ocasión lo necesitaba, sino no iba a poder.

Triste la ves caminar
Triste la ves sonreír
Y la mataron en vida, te juro, la vi”

Tenía un 22 corto que le quemaba el bolsillo de los pantalones. Divisó a su víctima, un hombre de unos cincuenta años, trajeado, que caminaba por la estación de Constitución hacia los andenes del ferrocarril. Se acercó a él y, apuntándole con la pistola, comenzó a gritarle, fuera de sí.

- ¡Dame todo! ¡Dame todo o sos boleta guacho!

- Tranquilo... Tranquilo macho, tranquilizate... - decía el hombre, nervioso, mientras revisaba sus bolsillos y sacaba su billetera

- ¡Callate y dame la guita!

- ¡Tengo poquita, no te va a servir!

- ¡No me importa, dame eso!

El hombre le entregó su billetera, y Gas salió corriendo. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, sacó los veinte pesos que había en ella y la revoleó por alguna parte. Todavía tenía el corazón acelerado, pero lo había logrado. Se acercó a un puesto de flores, y le compró una rosa a Rochi. Roja, aterciopelada, la más bonita, y ni así se comparaba con la belleza de ella.
Gas, ya mucho más calmado, pagó la flor y se fue. Salió de la estación, bajó las escalinatas, y afuera se encontró con el mismo hombre al que le había robado hace un rato.

- ¡Policía! ¡Acá está el tipo que me robó, policía! - empezó a gritar nerviosamente al volverlo a ver.

Dos efectivos se acercaron corriendo a intentar detener a Gas, y él, nervioso, y aún bajo los efectos del crack, sacó la pistola y les tiró tres tiros a los efectivos, hiriendo a uno en un brazo. El otro efectivo, que había salido ileso, tomó su arma y disparó. El primer impacto dio justo en el pecho de Gas, que automáticamente se desplomó, bañado en sangre. En su mano izquierda aún conservaba la rosa. La lluvia comenzó a caer, salpicándole el rostro, mientras los efectivos policiales se encargaban de llamar a una ambulancia.

Se quedó sin la ilusión
De lo que él le prometió,
Porque esa maldita bala dio en su corazón”

En las placas rojas de Crónica TV un título sentenciaba "Tiroteo en Constitución: Un delincuente muerto"; pero Rochi jamás podía enterarse de esto ya que no tenían televisión.

Y sola quedó
En lo oscuro de su gran dolor
Preguntándose es muy tarde y por qué él no volvió
Él sólo quiso llevarle una flor a su amor
Él sólo quiso llevarle una flor a su amor
Él sólo quiso llevarle una flor a su amor.”


My Love - Laliter (Lali y Peter)



Comenzaba otro día más, y todo era igual en esa casa. Todos los días se habían transformado en una desagradable rutina, en la que no se podía evitar la discusión. Lali suspiró. Se preguntó en qué momento su vida se había convertido en eso tan horrendo. Dormía todas las noches con el hombre que amaba, pero después de su traición nada era lo mismo. Ahora era como dormir con el enemigo. Salvo que ella lo amaba, a pesar de todo.

Todas las mañanas iguales
Peleando como animales
De la lucha libre y la guerra
Y esa vieja rutina que aterra”

Peter se levantó esquivando un poco a Lali. No quería discutir y hacerla pasar disgustos desde temprano. Él bien sabía que se había comportado como un tremendo idiota el día que había decidido cambiarla por alguien más. Desde ese día, si hablaban era solamente para discutir. Hacía casi un mes desde aquel suceso, y él comprendía que si Lali se había quedado era sólo por la pequeña Allegra, su hija de seis años. Si ella no estuviese, seguramente Lali ya se habría ido.

Dos corazones dolidos
Una vida sin sentido
Y un triste silencio que crece
Está golpeando la puerta”

Peter, a pesar de su error, quería mucho a Lali. Sabía que la había engañado vilmente, por eso no lo soportó y tuvo que decírselo. Si hubiera mentido, seguramente todo seguiría igual. Pero Peter no podía mirarla a los ojos y ocultarle tamaña verdad. Él sentía que mintiéndole la lastimaba aún peor; eso es lo que era él, y no podía mentirle fingiendo ser el hombre perfecto cuando en realidad no era más que un idiota de mala bebida.

Juro que nunca jamás
Quise lastimarte
Siempre que trato de estar
No estoy en ninguna parte”

Ocho años hacía que estaban juntos, y Lali siempre se había sentido una reina al lado de Peter. Él era bueno, dulce y romántico con ella, pero con el pasar de los años eso se fue terminando. Hubo un momento en el que la sorprendía con poemas y chocolates, pero un día Peter cambió esa pluma por un puñal, y se lo clavó bien fuerte por la espalda. Lali jamás se hubiera esperado que la cambiase por alguien más, ella no se consideraba una mala esposa. Sólo que, como todo lo que tocaba el tiempo, la relación se había desgastado. Pero Lali no creía que fuese para tanto.

Ocho primaveras en vano
Todo es diferente
Hay que escribir
Con la pluma entre dientes
Cuchillo en la mano”

Mientras Peter se duchaba, en su mente, como un film, transcurría el recuerdo de cuando se habían conocido. Era su último año de colegio, la conocía a Lali de vista, ya que ella iba a un curso menos, pero nunca le había llamado demasiado la atención. Él sabía que las chicas de quinto andaban como locas detrás de él, pero no les daba importancia. Esa noche era su fiesta de egresados, y por supuesto concurrieron personas de todo el colegio. Cuando apenas había arrancado, Peter divisó a Lali, con un vestido rojo, cortito y ceñido al cuerpo que dejaba marcar sus curvas y su privilegiado físico. Peter se volvió loco, quería a esa mujer solamente para él, y no tener que compartirla con nadie. Bailaron y se besaron durante toda la noche, y ya de madrugada se fueron juntos y, luego de tener sexo, durmieron juntos. Desde ahí no se separaron nunca más.

Y quiero enloquecerme de amor
Como esa noche que te vi
Y no dudé en acostarme con vos
Mi amor”

Peter salió de la ducha pensando en que tenía que hacer algo. Tenía que recuperar el amor de Lali, y posteriormente su confianza. Tenía que demostrarle que por más que había tenido un deslice, no había mujer que la igualara. Ella había ido a llevar a Allegra al colegio, por lo que tenía una buena cantidad de tiempo. Llamó a su trabajo y fingió una gripe para no tener que ir. Quería esa mañana sólo para ellos dos.

Puedo gritarle a la luna
Que como vos no hay ninguna
Y si alguna noche te veo
Verás lo malo y lo bueno”

Preparó cuidadosamente en la habitación un champagne dentro de un balde con hielo, y dos copas. Puso música ambiente, en un volumen bajo pero agradable. Luego, él se vistió y se arregló como si fuese a una cena de gala.

Cuando Lali llegó no podía creer que Peter todavía no se haya ido, y menos entendió cuando lo vio así vestido.

- ¿Qué hacés todavía acá? ¡Te van a echar si seguís faltando!

- Shh, relajate, está todo bien - Peter le dedicó una compradora sonrisa.

- ¿Y qué hacés así vestido?

- Le quiero dar una sorpresa a mi reina, ¿No puedo? - Lali frunció el ceño, sin entender - Vení - la tomó de la mano y la llevó al cuarto

- ¿Champagne a esta hora de la mañana? ¿Qué es todo esto, Pedro?

Peter la miró con sus ojos grandes, Lali pudo haber jurado que en ese momento los tenía más verdes que de costumbre, y que podía verse reflejada en ellos. Su mirada era sincera, pero Lali no se la pudo sostener y agachó la cabeza.

- Estoy haciendo todo esto para que me perdones. Sé que me comporté como un adolescente estúpido, y quiero pedirte perdón, quiero reparar el daño

- No, Pedro, vos sabés que yo no te puedo perdonar, ya sabés que si me quedo es sólo por la nena

- Dame una sola chance - le levantó la cabeza con un dedo en su barbilla - Yo te miro y veo que todavía me amás, es sólo que estás herida, y yo quiero sanarte

- Pedro, yo... Me estoy hablando con otra persona, él me entiende y me contiene, ¿No te jode, no? O sea, vos me engañaste primero...

Dicen que el pasado, pisado
Yo no me atrevo a pisarlo
Porque las espinas me duelen
La noche, el alcohol me ganaron”

A Peter las palabras de Lali le dolieron como mil puñaladas, y aun así no estaba ni cerca de sentir lo que ella había sentido cuando él le dijo "Estuve con otra mina". Encima de que se había mandado el peor error de su vida, no se dio cuenta que ella también podía reemplazarlo a él, de una forma mucho más fácil, porque ella para él lo era todo, a pesar de su engaño, pero él era descartable, Lali podía encontrar a alguien mil veces mejor e irse.

- No... - Lali le sonrió tímidamente - No... ¡Claro que me jode!

- Pero vos no me podés decir nada... - a Lali se le esfumó la sonrisa del rostro

- ¡Ya sé que no puedo decirte nada! Pero lo que yo hice, lo hice totalmente borracho, ni siquiera me daba cuenta de lo que estaba haciendo, y después sentí mucha culpa, por eso te lo dije... Y me duele que vos sí lo estés haciendo con tus facultades plenas, y me jode saber que seguro es mejor que yo - Peter suspiró

- No sé si mejor o peor... Es alguien que se preocupa por mí, y llena ese espacio que dejaste vacío - y se apresuró en añadir - Igual todavía no pasó nada, simplemente conversamos por teléfono - Peter se alegró apenas al escuchar eso

- Entonces dame una última oportunidad. Dejame demostrarte por última vez que te amo y que estoy arrepentido, no pensemos ni en él, ni en ella, ni en lo que hice, sino en nosotros, y yo te prometo que si, después de hoy, seguís firme con tu idea, yo me voy y te dejo tranquila para que rehagas tu vida con alguien que te merezca

Y quiero enloquecerme de amor
Como esa noche que te vi
Y no dudé en acostarme con vos
Mi amor”

A Lali le brotaron las lágrimas después de escucharlo a Peter hablar así. Él la abrazó fuertemente junto a él, hacía tanto que no la sentía tan cerca. Era una sensación difícil de describir, pero una especie de energía le recorría su interior cuando le tocaba la piel. Lali se recostó en su pecho, escuchando su corazón. De un momento a otro, él se apartó.

- Te amo, Lali

Dijo eso, y comenzó a besarla. Hacía casi un mes que no besaba sus labios, hacerlo le daba una hermosa sensación. Esa era la mujer de su vida, no quería compartirla, mantenía firme esa idea que pensó al conocerla. Se besaron un rato largo, luego él se sentó en la cama, y ella se sentó en su regazo, para continuar besándolo. No podían despegarse, ni tampoco querían hacerlo.

Porque las espinas me duelen
La noche, el alcohol me ganaron”

A Peter le sorprendió, ya que fue Lali la que comenzó a sacarle la ropa. Él, por supuesto, no se resistió e hizo lo mismo con ella. No se dijeron ni una palabra, y tuvieron el que ambos consideraron como el mejor sexo de sus vidas. La pasión que los unía era muy grande.

Y quiero enloquecerme de amor
Como esa noche que te vi
Y no dudé en acostarme con vos
Mi amor.”

Cuando terminaron, se quedaron unos segundos acostados, pero pronto Lali se levantó y se envolvió en la bata que siempre tenía bajo su almohada. Se acercó al balde que contenía al champagne y sirvió las dos copas.

- ¿Vamos a brindar? - le tendió una copa a Peter

- ¿Champagne a las once de la mañana? - rió y agarró la copa

- Te amo Pitt - extendió el brazo con el que sostenía a la copa

- Te amo Lali - chocó su copa con la de ella - Por nosotros -.

Ellos en ese momento, obviamente que no lo sabían; pero iban a tener una linda historia para contarle a su hijo Santino sobre cómo lo habían concebido.




La pequeña novia del carioca - Pableuge (Euge y Pablo)



Dicen que las brujas no existen. Pero que las hay, las hay. Generalmente no son como esas de las películas de terror. No son feas, viejas y con una nariz prominente. La mayoría de las veces, muy por el contrario, tienen un aspecto jovial y atractivo, con una mirada que hechiza, y una boca que seduce. Son mujeres que marcan un antes y un después en tu vida, que aunque se vayan, no podés olvidarte de ellas, como si su paso dejara algo de ellas dentro tuyo.
Estas palabras le había dicho su padre a Pablo el día que cumplió los dieciocho y vio que su hijo se estaba convirtiendo en un hombre. A oídos de Pablo sonó espantosamente ridículo, pero el hombre lo decía convencido de sus palabras, con mucha seriedad; él no quería asustarlo, sólo advertirlo. Pero Pablo no le creyó. No lo escuchó. No le hizo caso.

Un día después,
(Después de vos...)
Crucé los dedos
La barca pasó
Y el río quedó, al fin, quieto”

El día que conoció a Eugenia, él hacía varias horas que estaba sentado en la barra del bar donde ella trabajaba. Todo ese tiempo intercambiaron miradas. Después de pedirle la quinta cerveza, Pablo vio que Euge agarró una pequeña copita, y virtió en ella el contenido de una vieja botella que estaba de adorno en una repisa del bar.

- Licor de romero - le dijo mientras se la acercó.

Pablo jamás había probado tan peculiar bebida, pero no le pareció tan grave. Tomó la copa y de un trago la vació. A Pablo se le hizo que Euge lo miraba de costado y con una pequeña sonrisa en los labios, pero no le dio importancia. Lo cierto es que desde ese día, no logró olvidarse de ella. Acudió tres veces más a ese bar, hasta que se la llevó del brazo una madrugada.

Sólo un cuento fue
Que ayudó a pasar
Un buen rato
Un castillo de naipes que cayó
Y palabras baratas”

Euge era una damisela muy particular. De noche se ganaba la vida en ese bar del averno, pero durante el día se dedicaba a leer las manos y tirar las cartas en una especie de santería a la cual Pablo no entró más que una o dos veces, ya que no le gustaba la energía que desprendía ese lugar, a pesar de ser bastante escéptico.
Un día Euge le ofreció leerle las manos

- A vos no te voy a cobrar - le dijo entre risas.

Pablo aceptó. No tenía idea de lo que ella iba a leer en la mano de él, pero estaba seguro de que si se animaba a mirar en su propia mano, ella iba a encontrarlo a él mismo, lo tenía en la palma de su mano, y hacía con él lo que quería, estaba completamente entregado a ella.

En el aire entre los dos
Brilló una copa rota
Mala suerte, mi palma dio un destino oscuro

Un dulce licor de romero
Fue la mala idea loca
Te vas a enterar por esta canción
Para el carioca”

Euge, después de mirar con atención la palma de la mano izquierda de su amado, y de tantearla un poco con sus pulgares, puso una expresión extraña en su rostro.

- ¿Qué pasa Euge? - se asombró Pablo - ¿Qué viste?

- Pabli... Veo que tenés muchos sentimientos amorosos

- Entonces no es para que pongas esa cara, ¿No te habías dado cuenta?

- Desde hace cinco meses - sonrió - pero...

- ¿Qué más ves? - la interrumpió

- Veo que vas a tener pérdidas por una mujer... Que vas a sufrir mucho por algo muy injusto...

- ¿Qué me vas a hacer? - la miró extrañado

- Yo nada, tonto - rió - No necesariamente tiene que ser una pareja. Puede ser otra mujer, familiar, amiga, lo que sea...

- ¿Ves algo más?

- Que sos muy melancólico

- Eso también ya lo sabías - la besó

- Claro, señor romántico. Cantame algo, dale

Pablo tomó la guitarra y rasgueó algunos acordes de un tema de Los Redondos mientras se lo cantaba. Por supuesto, después de la canción, ella terminaba desnuda en su cama, era una especie de ritual que tenían antes del sexo.

No sueño más con vos
Ya cayó otra flor del cielo
Te voy a robar
Esta canción de amor y de consuelo”

Para Pablo, Euge en la cama era un demonio. Tenía un lunar en la espalda que él le hizo jurar y recontra jurar que iba a ser sólo de él para siempre. No importaban los que habían pasado antes, ahora le pertenecía, y ya no dejaría que nadie más vuelva a verlo, tocarlo y besarlo.
Se complementaban perfecto en la cama

- Sos escorpiano con ascendente en Leo... Y yo una pisciana de pura cepa, somos un fuego - dijo una vez Euge - cuando nos casemos vamos a tener un hijo por año - agregó bromeando.

A la suave luz de la luna
Vi tu espalda
Hay un lugar allí
Para mis huellas
Y un lunar nocturno”

Pablo no se imaginaba teniendo hijos con Euge. Él los veía como un matrimonio lujurioso y por siempre juvenil, al menos de espíritu. Creía que, si seguía al lado de ella, podía adoptar una postura algo zen. Estaba tan entregado a ella que no le importaba cambiar su estilo de vida.

Apostamos mal
Serás más feliz vagabundeando
Muy poco amable fui
Nada nuevo vi en tus ojos”

Todo parecía marchar de maravillas en esta peculiar pareja. Pero hubo un día, un maldito día, en el que Euge dio un portazo y se fue, sin más. Pablo al escuchar el golpe de la puerta, supo que no había retorno.

- Estoy conociendo a alguien - dijo Euge minutos antes. Pablo se quedó mudo, sin expresión
- Sé que vos me amás, y yo a vos, aunque no lo creas, pero es un tipo de plata... Voy a tener más oportunidades

- No podés ser tan caradura como para decirme que me amás después de eso - Pablo al fin se animó a decir algo

- Es que sí te amo, nunca me voy a olvidar de vos, creeme - Euge lo besó apasionadamente

- ¿Al menos voy a poder seguir yendo al bar a verte? ¿O a la santería?

- ¡Odiás ese lugar! - rió Euge

- Con tal de verte, aunque sean cinco minutos, voy adonde sea

- Me voy a Brasil esta noche... El tipo es de allá

- ¡No! ¡No podés irte! ¿Te escuchás Euge? Decís "el tipo"... ¡Ni siquiera lo querés! Vos me amás a mí y vas a ser mía siempre, ¿Me escuchaste?

- Ay Pabli... - suspiró - No te queda bien el celoso posesivo...

- ¡Vos vas a volver y yo te voy a estar esperando! – sentenció

- Estoy segura de que me vas a estar esperando - Euge le dio un último beso y se marchó.

Pablo entró en un estado de depresión que se fue agravando con el correr de los meses. Lo desesperaba no saber nada de ella, no verla no haber vuelto a escuchar su voz. Hervía de celos al pensar que otro había descubierto ese lunar. "Su lunar". Imaginarla en la cama de otro lo volvía loco.
Pablo no volvió a acercarse a otra mujer. Las veces que lo intentó, ellas huyeron. Con el tiempo dejó de insistir. Se volvió un viejo ermitaño, se hacía compañía con su soledad. Euge había sido muy injusta con él, la causa por la cual lo dejó era una ridiculez, a su entender. Él podría haberle dado una buena vida también, sólo que ella no le había dado la oportunidad.

En el aire entre los dos
Brilló una copa rota
Mala suerte, mi palma dio un destino oscuro

Un dulce licor de romero
Fue la mala idea loca
Te vas a enterar por esta canción
Para el carioca”

Pablo se enteró una vez al pasar, que el licor de romero se usaba para asegurar el amor eterno. ¡Maldita Euge! Ella se había olvidado de tomarlo, o quizás lo había hecho a propósito. A lo mejor sólo quería que Pablo la amase eternamente (y sí que lo había logrado), mientras ella lo iba olvidando poco a poco; porque con tantos años que habían pasado era obvio que ella ya no lo recordaba.
Una tarde, en el ocaso de sus años, Pablo se acordó de aquellas palabras de su padre. Y se dio cuenta que Euge era una de esas brujas que le había mencionado. No sólo por lo esotérica que era, sino porque desde que se había ido, su vida no había sido la misma, es más, había dejado de ser vida.

Un día después,
(Después de vos...)
Crucé los dedos
La barca pasó
Y el río quedó, al fin, quieto.”

También recordó aquello que había visto Euge en sus manos. Y ahí se dio cuenta de todo. Al final, la que lo había hecho sufrir injustamente y lo había hecho perder todo había sido ella. ¡Maldita Eugenia!
La profecía se había cumplido.


Ella usó mi cabeza como un revólver - Vicery (Mery y Vico)



- Pase - dijo Vico al oír los golpes en la puerta de su oficina. Hacía un rato su padre, el gerente, le había anunciado que iba a presentarse una chica que pretendía ser su primera secretaria.

- Tratala bien, y sé considerado - había dicho su padre - Y ojo, no quiero que demuestres tus dotes de pirata con ella - añadió severamente - Es la hija de Del Cerro, de empresas Stalic - concluyó.

- ¿Y por qué no trabaja en la empresa de su papito? - dijo Vico, mofándose

- Estamos haciendo negocios con ellos, y parte del trato es que la chica entre a trabajar con nosotros, te conviene no arruinarlo porque me vas a conocer enojado - se retiró.

Cuando Vico dio la orden de ingreso, sabía que la que iba a entrar era la supuesta secretaria. Era la primera vez que iba a tener una, ya que él hace poco que había empezado a trabajar con su padre, tenía una oficina para él solo, en un piso doce donde podía ver toda la ciudad desde el vidrio espejado que la contenía.
Cuando la chica entró a la oficina, Vico se quedó boquiabierto. La miró de arriba a abajo, tres veces. Un metro setenta, cabellos rubios, mirada matadora, camisa con escote en V que dejaba ver sus prominentes senos, cintura de avispa, y minifalda. Más abajo unas piernas perfectamente largas y botas hasta la rodilla.
A partir de ese momento, a Vico las palabras de su padre le importaron un comino. Por lo pronto, le daría el empleo, pero esa mujer iba a ser suya costase lo que costase.

- Buen día, soy María, me imagino que tu padre te habló sobre mí - se presentó imponentemente

- Sí, desde ahora en más vas a ser mi secretaria. Y te voy a decir Mery, suena más cool - María aprobó con una sonrisa maliciosa.

Ella usó mi cabeza como un revólver
E incendió mi conciencia con sus demonios
Me vi llegando tarde, tarde a todo”

A partir de ese día, María pasó a ser Mery y a ocupar el escritorio de la oficina que estaba más adelante de la de Vico. Era eficiente en su trabajo, y le organizaba perfectamente la agenda a él. Vico estaba conforme con el desempeño de Mery, pero quería algo más.
Comenzó con sus dotes de seductor una mañana en la que le dejó una rosa en su escritorio. Él era un pirata por naturaleza, pero para poder enganchar a las chicas le salía ser tierno, para que ellas cayeran a sus pies.

- ¿Te gustó? - le dijo a Mery una vez que la vio llegar

- ¿Qué querés de mí?

- ¡Qué carácter chiquita!

- No soy como las demás, te aviso desde ahora, chiquito

- ¿Qué te hace diferente?

- Sorpresa... Si querés saber, tenés que conocerme...

- Cursilería por lo que veo, no es de tu agrado

- Para nada... Yo voy al frente

Mery tomó a Vico de la corbata y lo acercó hacia ella. Una vez que lo tuvo muy cerca, le dio un beso largo y profundo.

- No te tenía así

- Yo tampoco te tenía tan lento - le guiñó el ojo.

Después de un baño cerebral
Estaba listo para ser amado
Pasa el tiempo y ahora creo que
El vacío es un lugar normal”

Vico quedó enloquecido. A partir de ese día, comenzaron a salir, un poco en secreto para que en la empresa no hablasen de ellos. A la vez, el baño privado de Vico se había convertido en su nido de amor, donde tenían sus encuentros, eróticos y pasionales.
Vico, a pesar de esto, nunca se tomó a Mery en serio. Para él era una más. Y a la primera oportunidad que tuvo, se lo demostró. Fue un Jueves, unos días antes de la fiesta de fin de año de la empresa. Vico entró del brazo de una chica, que a Mery le pareció un gato. Lo que Vico no sabía era que estaba cometiendo el peor error de su vida.

- María, voy a estar muy ocupado, si alguien pregunta por mí decile que no estoy, y no dejes que nadie entre a la oficina

Vico la miraba con frialdad, y su acompañante con desprecio. Mery no cabía en sí del enojo que tenía. Ya sabía lo que iban a hacer, era obvio. Vico se estaba riendo en su cara. Eso no iba a quedar así.
Cuando Vico y la chica salieron, a la media hora de haber entrado, Mery se paró firme adelante de ellos.

- Ah, ¡Qué rápido! No tardaste nada Vico... Conmigo está entre cuarenta y cincuenta minutos, ¿Le dijiste? - sonrió despechada - ¡Ah Vico! - agregó tomándose el abdomen - Esta tarde tenemos la ecografía, no te olvidaste, ¿No?

Vico la miró a su acompañante, que lo miraba sin entender nada y como esperando una explicación.

- Andá Mica, después te llamo

- ¡Después te mando la invitación para el baby shower, amorosa! - agregó Mery mientras la joven se retiraba.

- ¿Qué fue eso Mery?

- Marco territorio, nada más

- ¿Territorio? Si no somos nada...

- Eso es lo que vos pensás... Yo todo este tiempo te fui fiel

- ¿Y yo qué culpa tengo? Pensé que tenías en claro que lo nuestro era para divertirnos nomás, pensé que eras más inteligente Mery...

- Yo también Vico...

- ¿Vos también qué?

- No sabés cómo se va a poner el señor D'Alessandro cuando se entere que el señor Del Cerro retira las acciones de la empresa... - Vico se tomó la cabeza al oír esto

- ¿Qué querés Mery?

- A vos te quiero

Mery se abalanzó a sus brazos y lo besó. Vico no opuso resistencia, era débil, más allá de la extorsión de Mery, era tan linda que sólo con su cuerpo lo compraba.

Ella usó mi cabeza como un revólver
No creerías las cosas que he hecho por ella
Cobardemente, pero sin vergüenza
Era una piedra en el agua, seca por dentro”

Vico le juró que a partir de ese día sólo tendría ojos para ella. Y para comprobar que esto fuese cierto, Mery comenzó a seleccionarle la gente de su agenda y redes sociales. Luego le prohibió las salidas solo; lugar donde asistía Vico, iba también ella, sin importar si era una simple salida entre amigos o si era una junta de empresarios.
De a poco, gran parte del entorno de Vico se hartó de que Mery estuviera por detrás de él, y pese a que quisieron abrirle los ojos, él ya estaba totalmente enamorado de ella y lo único que consiguieron fue que él se aleje. Así, Vico se fue quedando solo. Pero a él nada le importaba, más que tener a Mery con él.

Así se siente cuando la verdad
Es la palabra sometida
Fui tan dócil como un guante
Y tan sincero como pude”

Hubo un día en que Mery fue demasiado lejos y chantajeó a Vico para que, mediante falsos presupuestos, le robase un dinero a su propio padre.

- ¿Qué te parece el plan, Vico?

- No sé Mery... Me parece que no da robarle a mi viejo

- ¡Pero pensalo! No te paga mucho... Con esa cantidad de plata nos vamos a poder comprar algo para nosotros... Tomalo como que es un regalo de él hacia nosotros

- Pero él tendría que saberlo, no creo que nos vaya a decir que no

- ¿Y si nos dice? Ya no podemos estafarlo porque se va a dar cuenta de que somos nosotros

- ¿Vos le robarías a tu viejo?

- No hace falta, él me da todo lo que quiero... Dale Vico, firmá esos papeles o te olvidás de mí

Vico suspiró y firmó. Ya no estaba a gusto, y a la vez no la quería perder, no la quería lastimar. Rogaba que su padre no se diera cuenta de que la suma era una exageración porque se iba a ver envuelto en varios problemas.
El padre de Vico jamás se dio cuenta, y les facilitó la suma, lo que hizo que Mery cada vez quisiera robar más y más. Hasta que un día, el padre de Vico se dio cuenta del negociado que su hijo estaba haciendo.
Además de sentirse muy decepcionado, lo denunció. Figuraba como el único culpable del delito de estafa, ya que era su firma, Mery no figuraba para nada. La vida de Vico después de la denuncia se fue poniendo cada vez peor.

Ella usó mi cabeza como un revólver
No creerías las cosas que he hecho por ella.”

Un Sábado por la noche se dio cuenta de que desde que había llegado Mery su vida había cambiado para mal. Había perdido a sus amigos, a su familia, ahora había perdido el empleo, iba a terminar preso en cualquier momento, y ella estaba cada vez más distante. Se dio cuenta de que en realidad nunca lo había amado, sólo lo había usado y manipulado a su antojo, para saciar sus propios intereses, y eso no era amor. Vico no podía aguantar más. Ese era el momento.

Era Lunes cuando Mery salía del bar, con ropa negra y anteojos de sol, mirando su teléfono móvil. En el noticiero sólo hablaban de una cosa: El suicidio del hijo del famoso empresario D'Alessandro.