Fuiste lo mejor - Viceuge (Euge y Vico)



Yo no creo que esté todo bien
Si salto por la ventana
Todo fue muy bueno
Y extraño hoy
Tu cuerpo en mi habitación”

Euge y Vico habían vivido una linda historia de amor durante tres años. No fue una relación de cuento de hadas, tenían problemas como todas las parejas, pero se amaban y eso era suficiente para intentarlo una y otra vez. Por eso, cuando Vico dejó a Euge definitivamente, al principio nadie le creyó. Ni siquiera la propia Euge, que esperaba que fuera una separación de unos días.
Vico había sonado muy convincente al decirle "Esto se termina acá", pero aun así Euge no le creyó del todo. Esperó pacientemente unos días, y unos meses. Pero entonces apareció otra persona en su vida, y al darse cuenta que Vico no iba a volver, decidió rehacer su vida.

Y perdona si te lastimé
Pero quería que esto terminara
Lamento no haber sido lo mejor para vos”

Vico nunca dejó de pensar en ella, pero estaba cansado de que las cosas no les salieran como querían. Sentía que su pareja ya estaba más que desgastada y la dejó ir. Pero hubo un día, un frío Domingo de Abril, en el que por medio de otras personas se enteró una noticia que, para él, fue fatal: Euge iba a ser mamá. No sólo alguien se la había llevado y la había hecho feliz, sino que ahora, además le iba a dar un hijo, ese pequeño que habían anhelado tanto pero que por su difícil situación económica nunca habían buscado, ahora llevaba la sangre de alguien más.

Cuando te dejé
Te dije que por un par de años más te amaría
Hoy aunque no quiera estoy pensando
Cómo pude alejarme de vos”

Vico se dio cuenta de que se había quedado solo, ya no tenía a nadie. Todos sus sueños se esfumaron con la partida de esa mujer, y maldijo el día en que la dejó ir. Ya era casi de madrugada. Vico había tomado una decisión. Nada podía frenarlo.
Escribió con letra prolija una carta dedicada a Euge, donde le pedía perdón por haberla dejado, y finalizaba diciéndole "fuiste lo mejor".

Pero sé de que te olvidaré
Pero hasta que llegue ese día
Quiero que sepas que fuiste lo mejor”

Salió al balcón en ropa interior a pesar de la temperatura. Casi no sentía el frío, pronto no iba a sentir más nada. Trepó la baranda del balcón. Ya sentía el viento en su cara, el vértigo en su vientre, y el frío de la muerte besándole los labios.
Euge despertó sobresaltada. Había soñado con Vico diciéndole "te tengo que decir algo", y justo en el momento en que iba a hablar, algo los interrumpía. No fue un sueño alegre, fue más bien incómodo. Se tomó el vientre, ella también tenía muchas cosas que decirle. Quizás no era la hora, no era el momento, pero no aguantaba más no poder confesarle que ese hijo que llevaba en sus entrañas era de él, que cuando él había decidido terminar con ella, ella ya tenía a ese pequeño en su panza sin saberlo.

Y dame un tiempo para poderlo pensar
Es que estoy rodeado de emociones que me ahogan
Pensé en decirte de intentar una vez más
Pero no quisiera comenzar de nuevo”

Euge miró el reloj. Eran las tres. El pequeño Luca se movió, ya le quedaba poco espacio en la panza de Euge y es que ya solo faltaban dos semanas para tenerlo, podía llegar en cualquier momento. Euge tomó su celular y llamó primero al celular de Vico, pero cuando al tercer intento no atendió, pese a que le dejó mensajes, no se conformó con eso. Lo llamó al teléfono de línea, tampoco obtuvo respuestas. Euge no quedó conforme con todo esto, y salió en su auto directo hasta el barrio de Belgrano.

Es que yo no sé si está todo bien
Si salto por la ventana
Todo fue muy bueno
Y extraño hoy
Tu cuerpo en mi habitación”

Al bajar, tuvo que dejar su auto a unas cuadras de allí ya que la calle del departamento de Vico estaba cortada, había patrulleros, ambulancias y hasta un carro de bomberos. Era evidente que algo había pasado. Euge se acercó, desconcertada, y vio que en el asfalto, tapado con una bolsa, yacía un cuerpo sin vida. Una mujer mayor se acercó a ella al reconocerla.

- Pobrecita, ¿Vos sos la mujer de Victorio, no? Mi Dios, encima estás embarazada - la desconocida la abrazó

- Ehh... Sí, soy yo - respondió Euge, algo confundida

- Lo siento mucho, de corazón contá conmigo aunque no nos conozcamos -

- ¿Qué pasa? ¿Por qué me dice eso? -

- ¿No sabías...? - la mujer agachó la cabeza y con la mirada señaló adonde se encontraba el cadáver

- No... - Euge quedó seria, como comprendiendo - ¡No! ¡Vico, no! - corrió al lado del cuerpo rompiendo en llanto - ¡Levantate Victorio! ¡No me podés hacer esto! ¡No me podés dejar sola con tu hijo así! - Euge iba a continuar hablando, pero estaba ahogada en llanto. Un médico la llevó hasta la ambulancia, mientras los forenses procedían a retirar el cuerpo de Vico.

Y perdona si te lastimé
Pero quería que esto terminara
Lamento no haber sido lo mejor para vos.”


Nunca quise - Dakyter (Daky y Peter)



Daky y Peter se conocieron desde pequeños. Casi de toda la vida, ya que vivían en casas linderas, y encima tenían la misma edad. Se llevaban maravillosamente bien, y compartían mucho tiempo juntos. Por las mañanas, iban juntos al colegio. Por la tarde, jugaban juntos en una casa o en la otra, y muchas noches hasta dormían juntos. Siempre bromeaban con que eran hermanos.

Nunca quise tanto a nadie como vos
Por eso es que empiezo a dudar
Si seremos hermanos que nos separaron
Y nosotros sin saberlo nos volvimos a juntar”

Peter no tenía problema en jugar a hacerle la comida a las muñecas, y a Daky le encantaba jugar a la pelota con él y sus amigos, así que se complementaban perfecto. Él siempre la defendía cuando algún otro chico la expulsaba de los juegos sólo por ser mujer, y ella le agradecía dándole inocentes piquitos cuando los juegos terminaban.

Tu sangre es roja, la mía también
Creo no me equivoco, algo tendremos que ver
Somos indios latinos con guitarra eléctrica
Y comunicados a través de internet”

Cuando llegaron a la pre adolescencia, se contaban secretos de los chicos/as que les gustaban. Habían elegido la orientación de humanidades sólo para continuar yendo juntos, compartían el grupo de amigos y comenzaron a ir a los primeros bailes.
Daky estaba enamorada, o eso creía, del mejor amigo de Peter; pero él sabía que era muy pirata y la cuidaba, alejándola cada vez más de ese chico. A Peter, mientras tanto, le robaba los suspiros la chica más rubia, más alta y más linda del curso. Daky pensaba que esa chica tendría muchos pretendientes y que seguramente desilusionaría a Peter, por lo que siempre que podía le hablaba mal de ella para intentar convencerlo de que no era el mejor partido.

Para odiar hay que querer
Para destruir hay que hacer
Y estoy orgulloso de quererte romper
La cabeza contra la pared, sí”

A los catorce ambos dieron su primer beso; se lo dieron entre ellos aludiendo que seguramente sería espantoso y que no sabrían besar, entonces querían practicar para cuando las personas que realmente les gustaban se acercasen a ellos. Como ese primer beso fue raro para ambos, cada vez que se encontraban solos "practicaban", o al menos eso decían ellos. Primero probaron con los labios, después agregaron las lenguas. Pero claro que no se lo comentaban a nadie.
Cuando tuvieron dieciséis ya no podían negar lo que sentían. Estaban completamente enamorados el uno del otro, se espantaban mutuamente a todos los que se les acercaran, pero como tenían miedo de perder la amistad ninguno de los dos avanzaba. Los besos se los habían dejado de dar hacía rato, cuando justo el chico que le gustaba a Daky los había encontrado en una situación sospechosa.

Y por todas esas cosas que tenemos en común
Hace tiempo ya marchaste de acá
Te cansaste de mí, yo me cansé de vos
Pero cuando nos miramos sabemos que no es verdad”

El día que se encontraban yendo a su viaje de egresados, Peter le contó a algunas de las chicas que en la fiesta de bienvenida que les harían en Bariloche él iba a declarársele a Daky. Todas se emocionaron, pues se notaba que el sentimiento era mutuo y le prometieron no decir nada.
La noche tan esperada llegó y Peter decidió tomar algunos tragos de alcohol, no muchos como para emborracharse y hacer el ridículo, pero sí algunos como para envalentonarse. Daky, mientras tanto, y totalmente ajena a la situación, bailaba con el mejor amigo de Peter, ese chico que tanto le había gustado hacía algunos años.

Porque tanto te quise y tanto te quiero
Siempre una marca tuya llevará mi corazón
Disculpá si te parece raro pero comparto la opinión
Que escuché en una canción de Luismi”

Cuando Peter se decidió, comenzó a buscar a Daky por todo el boliche, pero nadie le sabía decir nada de ella. Hasta que se encontró con la escena más temida: Daky, contra la pared, besándose fogosamente con el mejor amigo de él.

- ¿¡Qué hacés Daniela!? - Daky se soltó y abrió los ojos

- ¡Pitt! ¿Cómo me vas a interrumpir así?

- No cambiás más eh... ¡Siempre eligiendo mal! - Peter negaba con la cabeza - Cuando él te use y te deje y te haga sufrir como hace con todas, no me vengas a buscar porque no voy a estar ¿Eh?

Daky, con lágrimas en sus ojos, salió corriendo hacia el baño. Sus amigas, que se habían arrimado al ver la situación, fueron detrás de ella, no sin enojarse antes con Peter. Él, enfurecido, y sofocado por las preguntas de sus amigos, quienes no entendían su reacción, se fue del boliche.

"Si la amas déjala ser, si la quieres déjala volar"
Nunca fui tu patrón, no quisiera cambiarte
Y no quiero que pierdas tu personalidad”

Daky lloraba desconsoladamente sentada al lado de las canillas, cuando sus amigas entraron al baño e intentaron consolarla.

- Gorda, no llores - dijo una de las chicas

- Eso, esperamos todo el año para estar en Bariloche, ¿Y ahora? - agregó otra

- ¡Es que ustedes vieron cómo me trató! ¿Qué le pasa?

- Debe estar borracho - dijo una tercera

- ¡No! - dijo la última que quedaba - ¡No mientan más! ¡Daky, Peter está muerto por vos!

- ¿¡Qué!? - preguntó Daky entre sorprendida y exaltada

- Sí, está enamorado de vos. Nos lo dijo a mí y a otras de las chicas en el micro. Está muerto de celos.

- ¡Ay chicas! - Daky se puso la mano en el pecho - ¡Pero si a mí también me encanta!

- Entonces dejá de llorar, lavate la cara y andá a chapártelo, ¡Así de una! - dijo la tercer amiga, efusiva

- O al menos andá a hablar con él - dijo la primera.

Daky sonrió, se lavó la cara, se arregló el pelo y salió con una sonrisa. Le preguntó a los muchachos por Peter, pero le contestaron que se fue sin decir adónde. Ella también salió a intentar encontrarlo.

Para odiar hay que querer
Para destruir hay que hacer
Y estoy orgulloso de quererte romper
La cabeza contra la pared, sí”

Lo alcanzó recién a orillas del lago, mirando fijamente el agua bajo el frío penetrante de  Bariloche en invierno.

- ¿Qué hacés acá? - le gruñó Peter, aún enojado

- Vine... Vine a buscarte... Los chicos me dijeron que te fuiste

- ¿Por qué no te quedaste con tu noviecito?

- Porque no es mi novio. Me dejó de gustar a los quince cuando se comió a la de naturales - rió apenas

- Pero bien que esta noche te lo comiste

- ¡Él me chapó! ¡Además no sé por qué te importa tanto! - Peter escupió al agua

Para odiar hay que querer
Para destruir hay que hacer
Y estoy orgulloso de quererte romper
La cabeza contra la pared”

- ¡Porque me gustás! - gritó de tal manera que Daky abrió sus ojos grandes - ¡Me encantás Daniela, estoy enamorado de vos desde hace dos años!

- ¡Vos también me encantás Peter! - dijo Daky, con lágrimas en sus ojos - Siempre creí que vos me veías como un varoncito, o como una hermana, nunca pensé que me veías como mujer

- ¿Cómo no te voy a ver como mujer si sos hermosa? - Daky sonrió, y comprobaron con sorpresa que comenzaba a nevar - ¿Te acordás de esos besos que nos dábamos? Yo inventaba que necesitábamos practicar sólo para besarte, pero vos estabas re enamorada de él y no me animaba a decirte nada...

- Mirá Lanzani, hiciste nevar ahora que te animaste - rió a carcajadas. Peter la atrajo hacia él

- Mejor, así el escenario es perfecto

- ¿Para qué?

- Para el primer beso oficial

Para dejar hay que beber
Para morir primero hay que nacer
Siento ganas nuevamente de tirarme a tus pies
Y llevarte a mi morada otra vez”

Daky y Peter se besaron, esta vez sin excusas, sólo porque ambos lo sentían, porque sus dos corazones latían al mismo ritmo y eran como dos almas gemelas. Por sus cabezas pasaban miles de recuerdos, desde los tres años hasta ese momento. Ahora, al fin, ya no tenían que ocultar más nada, ni entre ellos, ni para los demás. Sus padres iban a estar muy felices de saber que al viaje de egresados se fueron por separados y volvieron juntos.

Si lo sembrás lo recogés
Y si esperás vas a entender
Cuando las cosas salen como no las espero
La vida me hace más guerrero.”


Fulanos de nadie - Gaseuge (Euge y Gas)



Gastón hacía varias horas que estaba bebiendo en un viejo bar de Palermo, que más que un bar era un borracherío. Tenía una noche pésima, ninguna linda mujer había reparado en él y ya creía que se iba a ir con las manos vacías. Tenía bastante alcohol encima, y quería seguir tomando, hasta que amaneciera y luego vería cómo llegar a su casa.

Vivías lejos, nunca supe bien
Si tenías nombre, me lo olvidé”

Mientras pensaba en todo eso, la puerta se abrió, y vio entrar por ella a una rubia despampanante y terriblemente mojada. Intercambiaron miradas, y la rubia se sentó en la silla que quedaba libre en su mesa.

- ¿Qué hace un angelito como vos en este lugar?

- No soy tan angelical como parece

- ¿Cómo te llamás, angelito?

- Eugenia. Igual, no sé para qué me preguntás si te vas a olvidar, rubio

- ¿Y venís siempre por acá?

- No, vivo lejos, hoy caí por acá

- Este lugar ya está re quemado, y más a esta hora - miró su reloj - Son las cinco, vamos a mi casa

- Me parece que el que está re quemado sos vos. Pero vamos

Son las cinco y Palermo tiene poco que contar
En casa hay dos vinos si prometés que no te enamorás”

Gas se dio cuenta enseguida que Euge no era ese angelito que él había creído por su apariencia. Euge era más viva que él y se notaba que los dos estaban buscando lo mismo. Por eso no dudó en llevarla al primer piso de Díaz Vélez al 4500.
Apenas salieron pararon a un taxi, que no parecía oficial pero tampoco les importó en absoluto. Subieron al taxi y Euge se calzó sus lentes de sol.

Subimos a un taxi fantasma, asomaban los picos del sol
Otra noche, otra almohada lejos del nido y yo sin caparazón”

- ¿Te escondés de alguien?

- No, ¡Odio cuando el primer sol te pega en la cara!

- Sí, es jodido - Gas le arrebató los lentes y se los colocó él mismo. Luego la besó hasta que llegaron a destino.

- Bueno, ya sabés cómo es esto, ¿No?

- Claro, esta noche te enamorás de mí y nos empezamos a ver siempre - Gas la miró desorbitado y Euge rió por su expresión - ¡Es joda, tonto! Hoy la pasamos bien y después no nos vemos más... ¡Ni tu nombre sé! - Gas sonrió, era obvio que Euge tenía experiencia para esas situaciones.

Siempre esta pata de palo fue más zorra que mi corazón
Y así quedamos, fulanos de nadie (de nadie), de nadie (de nadie)
Y está jodido mojarle una oreja a la soledad
Digamos poco, preciosa, y brindemos por lo que viene y se va”

 Subieron las escaleras y Gas abrió la puerta que daba al dos ambientes que alquilaba.

- Me imagino que al menos me vas a dar algo de tomar, tengo la garganta seca - provocó Euge. Gas sirvió whisky en un vaso.

- ¿Te cabe la bebida blanca?

- Claro, rubio, dame - Euge le quitó el vaso y comenzó a beber de a sorbos. Gas casi no tomó, porque ya venía bastante ebrio del bar. Euge a la media hora, ya estaba completamente ebria.

Gas la atrajo hacia él y comenzó a besarla y a manosearla para entrar en calor. Ella no se resistió y pronto empezó a tocarlo ella también. Se abalanzaron sobre la mesa y, sin querer, tiraron el vaso de whisky, ya vacío, que se deshizo en pedazos en el suelo.
Este acontecimiento no les hizo mayor cuidado. Ellos seguían en la suya, en lo que hace un rato habían empezado y sólo tenía un fin.

Por ser de estreno el asunto no estuvo tan mal
No hay besos campeones en un primer round”

Gas la desvistió y la hizo suya bajo las sábanas, él dominando la situación y cuando terminaron ambos se acostaron boca arriba, en silencio, hasta que Gas habló.

- No estuviste mal eh

- Y eso que estoy en pedo, podría haber estado mejor

Después nos dormimos, creo que ni te abracé
Afuera llovía como la penúltima vez”

Gas rió, se dio media vuelta y se quedó completamente dormido. Euge se quedó mirando el techo unos minutos más, recordando lo que había sucedido hace algunos instantes, hasta que finalmente el ruido de la lluvia que se escuchaba por la ventana la venció y cayó dormida.

Junto los vidrios de un vaso mientras desayunás un papel
Y planeamos un viaje a Gessell que jamás vamos a hacer”

Apenas unas horas más tarde, Euge se despertó por el ruido que hacía Gas con una bolsa.

- Uh, te desperté - dijo Gas al ver a Euge en ropa interior parada en su cocina

- ¿Qué hora es?

- Las diez - dijo Gas mirando su reloj - Estaba juntando esto, se ve que lo rompimos anoche – rió

- Te voy a tener que pagar el vaso... - rió también

- Cosas que pasan... No esperes que haga el desayuno porque no sé hacer ni un huevo duro

- No pasa nada - Euge se sentó a la mesa y tiró el contenido de un pequeño sobre arriba de la misma - ¿No te jode, no? - Gas negó con la cabeza, aunque la miraba asombrado. Euge sacó una birome sin el tanque y comenzó a inhalar.

Siempre este parche en el ojo fue más lejos que mi corazón
Y así quedamos, fulanos de nadie (de nadie), de nadie (de nadie)
Y está jodido mojarle una oreja a la soledad
No digas nada, preciosa, y brindemos por lo que viene y se va”

- ¿Sabés qué estaría bueno? - dijo cuando terminó de inhalar una parte - Irnos a la costa un finde... Así para pasarla bien, sin compromisos, ¿Eh?

- Sí, podría ser, me copa Gesell a mí

- Bueno, más al verano podemos ir... ¿Te dejo mi número? - Euge, sin esperar respuesta, le escribió su número en un papel que, de todas maneras, Gas iba a perder con rapidez.

- Bueno, ¿Te llamo un taxi? - le dijo Gas cuando vio que Euge había terminado de consumir

- Dale. Voy a Retiro

Lo que nos cura se va (siempre se va, siempre se va)
Siempre se va (siempre se va, siempre se va)
Lo que nos cura se va (siempre se va, siempre se va)
Siempre se va (siempre se va, siempre se va)
Lo que nos cura se va (siempre se va, siempre se va)
Se queda un rato, nos mima, nos miente y después se va (siempre se va), después se va”

Apenas el vehículo se hizo presente, Euge dejó un beso sobre los labios de Gas.

- Llamame así nos vamos a la costa ¿Eh?

- Dale, yo te llamo. Soy Gastón

Euge rió al ver que al despedirse recién era la primera vez que escuchaba el nombre de ese rubio. Lo saludó con la mano mientras se alejaba por el pasillo y salía a la calle.
Gas entró y se apresuró por limpiar los restos de la droga, ya que si los dueños de la casa, que vivían en la parte de abajo, lo veían, iba a traerle problemas. Ya de por sí no les gustaba que todos los fines de semana llevase a una chica distinta, pero se lo dejaban pasar; muy distinto hubiera sido si hubiesen encontrado algo ilegal en su propiedad. Y encima ni siquiera era de él.

Siempre esta pata de palo fue más zorra que mi corazón
Y así quedamos, fulanos de nadie (de nadie), de nadie (de nadie)
Y está jodido mojarle una oreja a la soledad
Llenate el vaso, preciosa y brindemos por lo que nunca será.”

Gas pensó unos instantes en la forma de ser, arrebatada y liberal de Euge y le llamó la atención. No la iba a volver a llamar, ya que no quería que se convirtiese en una obligación para él. Se encargó de hacer un bollito con el papel que tenía su número y lo tiró a la basura. Pero deseaba volver a encontrarla casualmente, o sino encontrar a alguien como ella.


Vuelve a casa - Pablochi (Rochi y Pablo)



Rochi y Pablo se encontraban haciendo el amor. No sabían cómo, pero cada vez que se veían, no podían aguantarse las ganas. Claro que ellos ya no le llamaban hacer el amor como hasta hace unos meses. Desde que se habían separado sólo le llamaban "tener sexo", fríamente, a secas.
Pablo retrasó lo más que pudo el momento del orgasmo. Inconscientemente, no quería que Rochi se vaya. Pero el fatal momento llegó. Era inevitable. Sabía que ella no iba a quedarse después de eso, ya ni siquiera se lo ofrecía, estaba cansado de sus negativas.

Te vestiste y te acompañé
A tomar el ciento cuarenta y tres”

Él la miraba en silencio mientras Rochi se cambiaba y le recordaba que en tan solo unas semanas comenzaría el proceso de su divorcio, y casi que le rogaba que no la complicara, no quería que las cosas terminasen muy mal.

- ¿Estás lista? - preguntó Pablo. Ella sólo asintió con la cabeza. - Vamos - le ordenó

- No, no hace falta - se negó Rochi, pero Pablo insistió

- Rocío, es casi la una de la mañana, no te voy a dejar ir sola - Rochi finalmente aceptó.

Caminaron hasta la parada del 143, ese maldito colectivo que los unía. Si habrían tenido que viajar mucho para verse, seguramente ya hubieran dejado de hacerlo. Pero no, para su mala suerte, el colectivo iba de Villa Lugano hasta Tapiales. De Capital a Provincia. Y ellos dos inevitablemente realizando ese recorrido una y otra vez, casi sin pensarlo.

Me miraste y yo te miré
Me abrazaste y yo te besé”

A pesar de la hora, el 143 vino sumamente rápido. Ella no tenía muchas ganas de despedirse, pero él le dio un beso corto sobre los labios. Rochi ya lo había tomado. - Seis pesos con cincuenta, por favor - había pedido, y esa cantidad de dinero había sido descontada del saldo de su Sube. Rochi miraba por el vidrio mientras pensaba el costo de ver a Pablo. Seis pesos con cincuenta centavos y un corazón hecho trizas. No estaba segura de por cuánto tiempo más iba a poder seguir pagando ese precio.
Pablo se encendió un Phillip Morris, pero no lo hizo mentolado. No necesitaba suavidad. Quería sentir el gusto fuerte del tabaco en su boca, y la quemazón en su garganta. No era fumador, pero desde que Rochi se había vuelto a Tapiales, ocasionalmente lo necesitaba. En especial para sobrellevar la amargura del vacío que dejaba cada vez que se iba.

Y te fuiste y yo me fui
Caminando por ahí
La ciudad se duerme y yo me desespero
Si no tiene sentido cuando vos no estás”

Pablo caminó por la casi desierta Avenida Riestra. Sí, había un momento del día en el que casi se apagaba el trajín constante que la caracterizaba. Se sentía solo, insignificante, casi un ente, y es que sólo con Rochi podía llegar a ser alguien, sólo ella era capaz de traerle risas y alegría a su vida. Pero ella ya se había ido. Miró el reloj, marcaba casi la una de la madrugada. Seguramente ella ya había bajado en Los Nogales y Arozarena, y había caminado la media cuadra que la separaba de su casa. Quizás había hecho ese recorrido con la llave en la mano. Tal vez ahora mismo estuviera preparándose un café para tomarlo en la cama leyendo a Cortázar hasta que el sueño la venciera.

Vuelve a casa, vuelve a casa, vuelve a casa
Vuelve a casa, vuelve a casa”

Pablo sonrió al recordar las veces que encontró a Rochi dormida, con un libro en el pecho, y le tocaba a él dejar el libro en la mesita de luz, sacarle los lentes y apagarle el velador, para que nada irrumpiese su sueño. Era una mujer muy culta, difícilmente se hubiera topado con alguien así nuevamente en toda su vida.

Yo te quiero a mi lado otra vez
Y no sólo una hora o tres
Ya no sé cómo hacerte entender
Que te quiero mucho más que ayer”

Se preguntó en qué momento la relación se había arruinado, y no supo qué responderse. Se habían casado muy jóvenes, hacía cinco años que estaban juntos y sin embargo hace cuatro meses las cosas se habían arruinado. Pero no encontraba una explicación. Seguramente había sido la rutina, o alguna de esas cosas que siempre suelen decirse. Pablo no lo sabía. Él sólo sabía que amaba con locura a esa mujer y que había sido un error dejarla ir y no haber luchado por ella.

Y no te quiero sólo para estar
Una noche y nada más
¿Por qué cada vez que yo te necesito
Da la casualidad que vos nunca estás?”

Se volvió sobre sus pasos, se había alejado bastante de la intersección donde se había despedido de Rochi hacía poco más de una hora. Caminó decidido. Por suerte el maldito 143 pasaba toda la noche. Pablo se dio cuenta que por primera vez en cuatro meses había pensado "por suerte" en lugar de "por desgracia".

- Seis con cincuenta - pidió, igual que como lo había hecho su amada hacía un rato. Recorrió las mismas calles y hasta se preguntó si el vehículo sería el mismo, y si quizás Rochi se había sentado en el mismo asiento. Se preguntaba cómo iría a recibirlo ella luego de tal atrevimiento. No podía asegurar que ella sintiera aún lo mismo que él, aunque le gustaba creer que sí.

- Final del recorrido - anunció el chofer. Pablo estaba tan distraído que no se había dado cuenta de dónde estaba. Agradeció y bajó. Caminó la media cuadra más larga de su vida con el corazón a dos mil por hora y golpeó la puerta de la pieza que alquilaba Rochi. Una, dos, tres veces. Hasta que ella, soñolienta, le abrió.

- ¡Pablo! - exclamó sorprendida - ¡Son casi las tres! ¿Qué pasa? – Pablo la tomó de la cintura y la atrajo hacia él.

- Vine a recuperarte. Vine a que te vuelvas conmigo a casa, de donde nunca te tendrías que haber ido. Vine a que terminemos con toda esta locura del divorcio, si yo te amo, y veo lo mismo en tus ojos

Rochi agachó la cabeza. Tenía vergüenza de que su mirada reflejase sus sentimientos, pero Pablo le levantó el mentón.

- Mirame y decime que me seguís amando

Rochi no le contestó, pero no hacía falta. Él le dio un beso suave, tierno y largo. Lo extendió unos cuantos segundos hasta dejarla sumida en un estado de enamoramiento. Ella también lo amaba, era innegable.

- Pablo, yo también te sigo amando - le confesó con una tímida sonrisa en el rostro.

- Entonces volvamos a Lugano - le pidió antes de volver a besarla, esta vez apasionadamente.

Vuelve a casa, vuelve a casa, vuelve acá, vuelve a casa
Vuelve a casa, vuelve a casa, vuelve a casa
Vuelve a casa, vuelve a casa.”