Rochi y Pablo se encontraban haciendo el amor. No
sabían cómo, pero cada vez que se veían, no podían aguantarse las ganas. Claro
que ellos ya no le llamaban hacer el amor como hasta hace unos meses. Desde que
se habían separado sólo le llamaban "tener sexo", fríamente, a secas.
Pablo retrasó lo más que pudo el momento del orgasmo.
Inconscientemente, no quería que Rochi se vaya. Pero el fatal momento llegó.
Era inevitable. Sabía que ella no iba a quedarse después de eso, ya ni siquiera
se lo ofrecía, estaba cansado de sus negativas.
“Te vestiste y te acompañé
A tomar el ciento cuarenta y tres”
Él la miraba en silencio mientras Rochi se cambiaba y
le recordaba que en tan solo unas semanas comenzaría el proceso de su divorcio,
y casi que le rogaba que no la complicara, no quería que las cosas terminasen
muy mal.
- ¿Estás lista? - preguntó Pablo. Ella sólo asintió
con la cabeza. - Vamos - le ordenó
- No, no hace falta - se negó Rochi, pero Pablo
insistió
- Rocío, es casi la una de la mañana, no te voy a
dejar ir sola - Rochi finalmente aceptó.
Caminaron hasta la parada del 143, ese maldito
colectivo que los unía. Si habrían tenido que viajar mucho para verse,
seguramente ya hubieran dejado de hacerlo. Pero no, para su mala suerte, el
colectivo iba de Villa Lugano hasta Tapiales. De Capital a Provincia. Y ellos
dos inevitablemente realizando ese recorrido una y otra vez, casi sin pensarlo.
“Me miraste y yo te miré
Me abrazaste y yo te besé”
A pesar de la hora, el 143 vino sumamente rápido. Ella
no tenía muchas ganas de despedirse, pero él le dio un beso corto sobre los
labios. Rochi ya lo había tomado. - Seis pesos con cincuenta, por favor - había
pedido, y esa cantidad de dinero había sido descontada del saldo de su Sube.
Rochi miraba por el vidrio mientras pensaba el costo de ver a Pablo. Seis pesos
con cincuenta centavos y un corazón hecho trizas. No estaba segura de por cuánto
tiempo más iba a poder seguir pagando ese precio.
Pablo se encendió un Phillip Morris, pero no lo hizo
mentolado. No necesitaba suavidad. Quería sentir el gusto fuerte del tabaco en
su boca, y la quemazón en su garganta. No era fumador, pero desde que Rochi se
había vuelto a Tapiales, ocasionalmente lo necesitaba. En especial para
sobrellevar la amargura del vacío que dejaba cada vez que se iba.
“Y te fuiste y yo me fui
Caminando por ahí
La ciudad se duerme y yo me desespero
Si no tiene sentido cuando vos no estás”
Pablo caminó por la casi desierta Avenida Riestra. Sí,
había un momento del día en el que casi se apagaba el trajín constante que la
caracterizaba. Se sentía solo, insignificante, casi un ente, y es que sólo con
Rochi podía llegar a ser alguien, sólo ella era capaz de traerle risas y
alegría a su vida. Pero ella ya se había ido. Miró el reloj, marcaba casi la
una de la madrugada. Seguramente ella ya había bajado en Los Nogales y
Arozarena, y había caminado la media cuadra que la separaba de su casa. Quizás
había hecho ese recorrido con la llave en la mano. Tal vez ahora mismo
estuviera preparándose un café para tomarlo en la cama leyendo a Cortázar hasta
que el sueño la venciera.
“Vuelve a casa, vuelve a casa,
vuelve a casa
Vuelve a casa, vuelve a casa”
Pablo sonrió al recordar las veces que encontró a
Rochi dormida, con un libro en el pecho, y le tocaba a él dejar el libro en la
mesita de luz, sacarle los lentes y apagarle el velador, para que nada
irrumpiese su sueño. Era una mujer muy culta, difícilmente se hubiera topado
con alguien así nuevamente en toda su vida.
“Yo te quiero a mi lado otra vez
Y no sólo una hora o tres
Ya no sé cómo hacerte entender
Que te quiero mucho más que ayer”
Se preguntó en qué momento la relación se había
arruinado, y no supo qué responderse. Se habían casado muy jóvenes, hacía cinco
años que estaban juntos y sin embargo hace cuatro meses las cosas se habían
arruinado. Pero no encontraba una explicación. Seguramente había sido la
rutina, o alguna de esas cosas que siempre suelen decirse. Pablo no lo sabía.
Él sólo sabía que amaba con locura a esa mujer y que había sido un error
dejarla ir y no haber luchado por ella.
“Y no te quiero sólo para estar
Una noche y nada más
¿Por qué cada vez que yo te necesito
Da la casualidad que vos nunca estás?”
Se volvió sobre sus pasos, se había alejado bastante
de la intersección donde se había despedido de Rochi hacía poco más de una
hora. Caminó decidido. Por suerte el maldito 143 pasaba toda la noche. Pablo se
dio cuenta que por primera vez en cuatro meses había pensado "por
suerte" en lugar de "por desgracia".
- Seis con cincuenta - pidió, igual que como lo había
hecho su amada hacía un rato. Recorrió las mismas calles y hasta se preguntó si
el vehículo sería el mismo, y si quizás Rochi se había sentado en el mismo
asiento. Se preguntaba cómo iría a recibirlo ella luego de tal atrevimiento. No
podía asegurar que ella sintiera aún lo mismo que él, aunque le gustaba creer
que sí.
- Final del recorrido - anunció el chofer. Pablo
estaba tan distraído que no se había dado cuenta de dónde estaba. Agradeció y
bajó. Caminó la media cuadra más larga de su vida con el corazón a dos mil por
hora y golpeó la puerta de la pieza que alquilaba Rochi. Una, dos, tres veces.
Hasta que ella, soñolienta, le abrió.
- ¡Pablo! - exclamó sorprendida - ¡Son casi las tres!
¿Qué pasa? – Pablo la tomó de la cintura y la atrajo hacia él.
- Vine a recuperarte. Vine a que te vuelvas conmigo a
casa, de donde nunca te tendrías que haber ido. Vine a que terminemos con toda
esta locura del divorcio, si yo te amo, y veo lo mismo en tus ojos –
Rochi agachó la cabeza. Tenía vergüenza de que su
mirada reflejase sus sentimientos, pero Pablo le levantó el mentón.
- Mirame y decime que me seguís amando –
Rochi no le contestó, pero no hacía falta. Él le dio
un beso suave, tierno y largo. Lo extendió unos cuantos segundos hasta dejarla
sumida en un estado de enamoramiento. Ella también lo amaba, era innegable.
- Pablo, yo también te sigo amando - le confesó con
una tímida sonrisa en el rostro.
- Entonces volvamos a Lugano - le pidió antes de
volver a besarla, esta vez apasionadamente.
“Vuelve a casa, vuelve a casa, vuelve acá, vuelve a
casa
Vuelve a casa, vuelve a casa, vuelve a
casa
Vuelve a casa, vuelve a casa.”

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