Los invito a leer distintos cortos de mi autoría, los cuales son todos relacionados a la historia de dos personas que se aman.
Las historias varían de unas a otras, y cuentan un poco las diversas situaciones que tienen que atravesar para poder estar juntos. Algunas tendrán final feliz y otras quizás no...
Eran las cinco de la tarde de un día de media estación
y Agus avanzaba con su carrito por el aeropuerto de Ezeiza. En un par de horas
iba a dejar su tierra natal por tiempo indefinido, partiendo en un avión hacia
Australia. Fue una decisión que le costó mucho tomar, pero finalmente eligió
irse.
La causa principal de esa partida, era Eugenia. Habían
estado de novios casi por un año, cuando ella lo dejó por otro. Agus sufrió
mucho, pero eso ahora no importaba, él quería irse y dejar todo atrás.
“Triste y con malas intenciones
(¡Ya no sé qué me dicen tus ojos!)
De moscona tibia en oferta
Que se ríe y pide volver... ¡Temblando!
¡Temblando!”
Agus se sentó y dejó su carro a un costado, hasta
esperar que se haga la hora de abordar. No habían pasado ni cinco minutos,
cuando la vio entrar. A ella. A la causante de la gran mayoría de sus males del
último tiempo. Euge entró corriendo con cara de desesperación, buscándolo con
la mirada perdida. Hasta que lo encontró.
- ¡Agustín! - corrió agitada a su encuentro
- ¿Qué hacés acá? - se paró de su asiento
- ¿Cómo es eso de que te vas a Australia? –
- No se responde una pregunta con otra pregunta... –
- Ay, extrañaba esas contestaciones - lo abrazó y él
intentó apartarse hacia atrás
- ¿Qué es lo que querés Eugenia? –
- No quiero que te vayas - dijo, al borde del llanto,
pero él no le creyó
- ¿Ahora te acordás? Cuando me engañaste me dijiste
que yo no te importaba, listo, dejame hacer mi vida –
- Las personas se equivocan, ¿O no? Yo me equivoqué al
irme... ¿Pero no me vas a perdonar nunca? –
- ¿Sabés qué pasa? Que con tu error yo sufrí mucho...
Si te hace sentir mejor, estás perdonada, pero no voy a volver con vos, me voy a
Australia en una hora y media –
“Yo ya sé que la ruta no es buena
(¡Me contás y me pongo inquieto!)
Sos tan cruel como tus ambiciones
Suplicás que firme tu cheque...
¡Sonriendo! ¡Sonriendo!
¡Temblando y sonriendo!”
Euge rompió en llanto y se recostó sobre el pecho de
Agus. Él la abrazó, intentando contenerla, ya que todo el aeropuerto los estaba
mirando.
- Quedate... Por favor... - le dijo después de unos
minutos de sollozos y silencio, y se animó a hacer una mueca que intentaba ser
una sonrisa
- ¿Para qué querés que me quede, Euge? - dijo Agus, un
poco cansado ya de la situación
- Al menos me dijiste Euge y no Eugenia... - rió
suavemente - Quiero que te quedes, Agus, quiero que lo volvamos a intentar, te
quiero demostrar que podés confiar en mí –
- Ese es el problema - suspiró amargamente - No creo
que pueda volver a confiar en vos... –
- Con él ya se terminó todo, tranquilo –
- Pero si no es él, en algún momento va a ser otro –
- ¡Creeme que no! - insistió Euge una vez más
- No puedo Euge - dijo Agus, cortante.
“¿Amarte es posible?
¿A quién tanto, ay, me lastima así?
Temor y dolor nos unen
(No puedo pensar en algo peor)”
Por los altoparlantes anunciaban que los pasajeros
para el vuelo a Sidney de las diecinueve y treinta debían hacer el check in.
- Bueno, me tengo que ir - dijo Agus señalando hacia
el aire
- Te vas nomás... - dijo Euge rendida
- Sí... - agachó la cabeza - Suerte –
“Ya te ves atascada en Ezeiza
(Ya perdió el chucho al que apostaste)
Allí está el numerito en tu cuello
Y vos no desperdiciás baba... ¡Boqueando!
¡Boqueando!”
Tomó su carro y comenzó a avanzar; Euge se había
quedado parada, mirándolo shockeada. Agus se dio vuelta a mirarla, frenó el
carro y se volvió corriendo hacia ella. Cuando estuvo justo enfrente y casi sin
pensar, le dio un beso de lengua, romántico y a la vez candente. Cuando se
separaron, Euge lo miraba con una gran sonrisa.
- Ahora sí, adiós - dijo Agus y se volvió hacia sus
cosas.
A Euge la sonrisa se le fue esfumando del rostro, y se
quedó mirando cómo Agus entregaba su pasaje y hacía la fila para abordar el
avión. Lo observó en todo momento, hasta que desapareció tras las escaleras del
avión.
Hoy les quiero contar una historia, que por supuesto,
no es mía. Yo sólo soy la encargada de transcribir en palabras, querido lector,
la historia de dos enamorados. Daniela y Gastón. Dos nombres comunes, de dos
personas, también comunes, pero a las que el destino les jugó una mala pasada.
Esta historia ocurrió en los años 70 cuando Daniela
debió exiliarse con su familia. Ella vivía en Argentina, y a su padre se lo
acusaba de no pensar lo mismo (y exponerlo públicamente) que el gobierno
militar que había en ese entonces.
Daniela era sólo una adolescente, pero con ideales
bien claros. Era toda una revolucionaria a pesar de sus cortos dieciséis años.
Ella tampoco estaba de acuerdo con la ideología de ultraderecha, ni con las
cosas que se comentaban que pasaban. Por eso, cuando su padre anunció que se
irían a España, a ella no le cayó mal la noticia. Iba a extrañar mucho su país
de origen, pero el viejo continente le parecía una buena opción.
“Sentados en corro merendábamos
besos y porros
Y las horas pasaban de prisa entre el humo
y la risa
Te morías por volver con la frente
marchita, cantaba Gardel
Y entre citas de Borges, Evita bailaba con
Freud
Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy”
Al tiempo de instalarse en Madrid, Daniela se puso un
puesto en El Rastro, la famosa feria que sólo abría en Domingos y festividades.
Allí exponía para vender artesanías con migas de pan, las cuales hacía con una
vieja receta otorgada por su madre y heredada de su abuela.
“Iba cada Domingo a tu puesto del
Rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de
lata
Con agüita del mar andaluz quise yo
enamorarte
Pero tú no querías más amor que el del Río
de la Plata”
Fue uno de esos Domingos en que conoció a Gastón. Era un
madrileño de veinticuatro años que frecuentaba El Rastro, pero sólo porque le
gustaba el ambiente bohemio, rara vez adquiría algo.
Ese día, curioso, se acercó a ver qué vendía Daniela.
- ¿Cuánto cuesta? –
- Veinticinco pesetas –
- Tú no eres española - afirmó Gas luego de escuchar
ese peculiar acento
- No, soy argentina –
- ¿Y vives aquí? ¿O sólo estás en plan turista? –
- Sí, vivo acá... - hizo una pausa - ¿Vas a comprar? –
- ¿Qué? Ah, no... Veinticinco pesetas es demasiado por
ese carricoche... ¿De qué está hecho? –
- De miga de pan - Gas largó una carcajada - De verdad
–
- Si no puedo comerlo, tampoco voy a pagar por él - la
que soltó una carcajada ahora fue Daky - ¿Quieres que almorcemos, te parece
bien? –
- ¿Me estás invitando a comer? ¡Qué liberales son los
hombres acá! –
- No todos – sonrió
- Ya cierro y vamos –
Gas llevó a Daky a comer a un típico bodegón español.
Allí ella le comentó los verdaderos motivos por los cuales habían terminado en
España. Gas quedó muy sorprendido con ella. No era una típica adolescente. Su
espíritu revolucionario lo enamoró.
A partir de ese día, se hicieron inseparables. Gas
pasaba a buscar a Daky por la salida del colegio todos los días, e iban a un
parque. Ella siempre vestía una boina similar a la que usaba el Che Guevara,
que a Gas le encantaba.
Junto a él, Daky conoció la marihuana
- No es tan mala como dicen - dijo Gas - yo fumo desde
hace años, y mira, no soy un adicto - continuó - a mí me inspira para hacer
arte... ¿A ti te gusta el arte? –
- Aparte de las migas de pan - rió - me gusta leer...
Me encantan las poesías de Borges –
- Borges... - pensó - España, madre de ríos y de
espadas, y de multiplicadas generaciones –
- ¿Lo conocés? –
- ¡Claro! ¿Y te gusta algo más? –
- Bailar tango –
- Tienes que enseñarme ¿Vale? –
- Sí, pero otro día. Ahora quiero probar - le señaló
el cigarrillo
- Vale. Pero no le cuentes a tus padres. La gente
mayor no lo ve con buenos ojos. –
Así comenzaron una rutina. Durante varios meses Gas
pasaba a buscar a Daky al colegio. Fumaban porro en el parque mientras ella le
contaba sobre la situación política en la Argentina. Le habló sobre las madres
de Plaza de Mayo. Gas la notaba muy preocupada cada vez que tocaban estos
temas. Cada día la enamoraba más lo culta que demostraba ser.
Los Domingos él la acompañaba a vender al puesto de El
Rastro. Para hacer algo con su talento, él empezó a vender pinturas. Era
buenísimo pintando, si hubieran valorado más el talento que él tenía, podría
haber llegado a ser un famoso pintor, pero se lo juzgaba por su estilo de vida.
Daky y Gas comenzaron a besarse a escondidas. Se
consideraban novios, a pesar de que ella no quería algo muy serio, porque en su
mente sólo estaba volverse a la Argentina. Muy en el fondo, añoraba volverse
con él, pero estaba segura de que pensar en eso era un disparate, algo muy poco
probable.
Unos días antes de que se cumpliera un año de la
llegada de Daky a España, su madre la vio besándose con Gas, y armó tal
escándalo que se la llevó a su casa a los empujones, ante el llanto
desconsolado de ella y el asombro de él.
Daky sabía que el hecho de que la haya visto su madre
no iba a traer nada bueno. Y así fue. Apenas llegó su padre, ésta lo puso al
tanto de la situación y él puso el grito en el cielo.
- ¡Daniela! ¿Así que estás jugando a los noviecitos
con ese drogadicto? –
- ¡Se llama Gastón! - exclamó enojada
- ¡Callate! ¡Esto es inadmisible! ¡Te vas a volver a
la Argentina a vivir con tu abuela! –
- ¡Yo no me voy a ir! - su padre le dio una bofetada
- ¡Vos te vas y no se discute! ¡Prefiero tenerte lejos
antes de que quedes embarazada de ese vago! –
Las palabras de su padre fueron muy hirientes. Más que
la cachetada. Daky lloró y lloró durante toda la noche, sin poder conciliar el
sueño.
Al día siguiente, fue a despedirse de Gas
- Me tengo que ir Gas –
- ¿Qué? ¿Adónde? –
- Me vuelvo a la Argentina. Ahora voy a Barcelona en
tren y desde allí embarco –
- Es lo que querías... Supongo que estás feliz -
agachó la mirada
- Pero no quería que sea así... Te voy a extrañar
demasiado - lo abrazó y se largó a llorar
- Jamás me voy a olvidar de ti... Te acompaño a la
estación, ¿Vale? –
“Duró la tormenta hasta entrados
los años ochenta
Luego, el sol fue secando la ropa de la
vieja Europa
No hay nostalgia peor que añorar lo que
nunca jamás sucedió
Mándame una postal de San Telmo, adiós,
cuídate
Y sonó entre tú y yo el silbato del tren”
En el camino fueron hablando y proyectando algo del
futuro. Apenas Gas consiguiera algo de dinero se iría tras ella. Iban a vivir
en San Telmo, de donde era ella, y él iba a dedicarse a pintar en Caminito. Se
dieron un último beso y abrazo cuando el guarda tocó el silbato, y prometieron
enviarse cartas.
- Entre mi amor y yo han de levantarse trescientas
noches como trescientas paredes, y el mar será una magia entre nosotros - le
recitó Gas, a modo de despedida
- Te amo Gas, no lo olvides nunca –
Esas palabras quedaron resonando en el aire. Las
cartas duraron unos tres o cuatro meses.
“Iba cada Domingo a tu puesto del
Rastro a comprarte
Monigotes de miga de pan, caballitos de
lata
Con agüita del mar andaluz quise yo
enamorarte
Pero tú no tenías otro amor que el del Río
de la Plata”
Daky le contaba en ellas a Gas que la situación del
país estaba peor que nunca, y que ella no podía quedarse de brazos cruzados,
por lo que por las noches salía a pintar paredes. También le decía que lo
esperaba pronto.
Gas, en esos momentos, no podía viajar y se lamentaba.
Luego, no recibió más cartas.
Los años fueron pasando y él nunca se olvidó de Daky.
Pero, el tiempo es tirano, y Gas comenzó a olvidarse algunas cosas, y a no
recordar con claridad otras. Siempre se lamentó no haber podido ir más allá y
no haberle hecho conocer el sexo, le hubiese gustado ser su primer hombre, pero
con tanto tiempo que había pasado, estaba seguro que otro ocupó ese puesto.
“Aquellas banderas de la patria de
la primavera
A decirme que existe el olvido, esta noche
han venido
Te sentaba tan bien, esa boina calada al
estilo del Che
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a
pasear
Y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por
llorar
Y me puse a gritar ¿Dónde estás?”
Se acercaban los noventa, cuando Gas tuvo la
posibilidad de viajar a la Argentina. Se iba con la dirección de la última
carta de Daky, con las esperanzas de encontrarla.
Cuando estuvo en suelo argentino, lo primero que hizo
fue viajar a San Telmo. Llegó como pudo. Mientras tanto, iba mirando los
diversos lugares de los que Daky solía hablarle, sonrió para sí mismo al
reconocer la Plaza de Mayo y el Cabildo de Buenos Aires.
Cuando llegó a San Telmo, lo recibió una anciana de
unos ochenta años.
- ¿Aquí vive Daky... Daniela? –
- Vivía - suspiró la anciana - ¿Usted quién es? –
- Un amigo de ella, de España, solíamos escribirnos
pero luego no me envió más cartas –
- Usted debe ser Gastón - sonrió la mujer aprobando, y
lo invitó a pasar.
“Y no volví más a tu puesto del
Rastro a comprarte
Corazones de miga de pan, sombreritos de
lata
Y ya nadie me escribe diciendo no consigo
olvidarte
Ojalá que estuvieras conmigo en el Río de
la Plata
Y no volví más a tu puesto del Rastro a
comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de
lata.”
Con un café de por medio, la señora le contó la
escalofriante verdad.
- ¿Entonces Daky ya no vive aquí? –
- No... - suspiró - Daniela te amaba, no sabés cómo se
le iluminaban los ojitos al hablar de vos –
- Yo también la amaba... La sigo amando... - suspiró -
¿Qué fue de su vida? ¿Dónde está ella ahora? –
La anciana le tomó la mano y algunas lágrimas cayeron
por su rostro. Con su mano libre las secó. Gas comenzó a impacientarse, sin
entender demasiado.
- Vos viste cómo era Daniela, ella estaba en contra
del gobierno, quería luchar por los derechos humanos, por algo más justo - Gas
asintió - También sabrás que el gobierno militar no estaba de acuerdo con eso –
- Sí, recuerdo que por eso se habían ido a España –
- Lo peor que pudo hacer Daniela fue volver antes que
la democracia... Ellos investigaban todo, creo que hasta las cartas que te
enviaba fueron revisadas... –
- ¿Y entonces? –
- La policía supo que Daniela andaba en esas cosas...
Una noche nos reventaron esa puerta - señaló - se la llevaron, sin importarles
nada, ni siquiera que todavía era menor de edad -
La anciana quedó un largo rato en silencio, derramando
lágrimas. Luego prosiguió para decir una última frase final, que fue
devastadora para Gas. - Nunca encontraron su cuerpo -.
“Ella era una rockera, venía del
'60 y sin religión
Él era consumista y algo pesimista del año
2000”
Ellos eran muy diferentes. Ella era bohemia, era
libre, le gustaban las cosas simples, la naturaleza y los amores intensos. Él
era su opuesto, vivía para trabajar, se preocupaba de sobremanera por acumular
trastos inservibles para aparentar, le gustaba el lujo y el confort, y no creía
en el amor. Cualquiera hubiese dicho que nunca se hubieran mirado, pero como
todos saben, los opuestos se atraen. Rochi cayó enamorada a los pies de Agus.
“¿Para qué me has traído hasta
aquí?
Y haciendo un sacrilegio soñaron ir lejos,
juraron morir”
Él no sabía cómo explicarlo, pero le empezó a
interesar esa mujercita rebelde, y pronto no se la pudo sacar de la cabeza. Fue
tal la revolución en los cuerpos y en los corazones de ambos, que a los seis
meses de estar juntos se casaron en secreto, se juraron amor eterno "hasta
que la muerte los separe".
“Siempre descontrolaba, nadie la esperaba,
nadie la vio partir
Excesos de cama, rock y marihuana se quiso
quedar
Casi sin comer, siempre sin dormir
-Él se suicidaba cada vez que lo dejaba
por otra mujer-”
Los primeros meses fueron normales, lindos, pero el
cuento de hadas comenzó a esfumarse y su juramento empezó a peligrar. Agus
comenzó a ausentarse por largos períodos de su hogar, siempre poniendo como
excusa al trabajo, y Rochi aprovechaba estos momentos para hacer las cosas que
a ella le gustaban: Salir, vagar sin rumbo por las noches, con la única
compañía de sus cigarrillos de marihuana que, según ella decía, la elevaban a
un estado superior del ser.
“Cuando vivas este infierno
pensarás en volver
Ese día te dejo la vida rodar o morir
¿Para qué me has traído hasta aquí?
En un mundo de excesos, fronteras y rezos
no cabemos dos”
Un día Rochi descubrió lo que no quería, pero suponía:
Agus tenía otras amantes. No era sólo una, era una distinta cada vez. Rochi no
pudo aguantar esto, y decidió abandonar el hogar. Agus se sintió vacío sin su
presencia, y se lamentó por días haberle hecho ese daño a la única mujer por la
que había llegado a sentir algo.
“Él no la emocionaba, no sentía
nada igual moría por él
Enfrascado en el suelo olvidó que en su
cielo se vive mejor
No te fíes de mí, que no soy de confiar
-Él se suicidaba cada vez que lo dejaba
por otra mujer-”
Una de esas tardes, se dio cuenta que quedarse
llorando no era la solución; tenía que hacer algo para recuperarla. La llamó,
le insistió y le volvió a insistir hasta que ella aceptó ir.
Cuando Rochi entró a su casa, Agus quiso besarla, pero
ella se apartó. Se sentó enfrente de él, mirándolo muy seria. En su rostro se
veían marcas de días de tristeza, combinados con drogas y poca comida.
- Bueno y... ¿Qué querés decirme? –
- Rochi yo... No puedo más sin vos... Sé que me
equivoqué muy feo y lo admito, pero por favor, dame otra oportunidad, vos no
sabés lo que es estar solo acá –
- ¿Para eso me llamaste? Mirá, yo puedo perdonar
muchas cosas, pero una infidelidad me parece demasiado... Además, no fue una,
fueron varias... ¡Fueron millones! ¡Te reíste todo el tiempo de mí! ¿Así me
amás? –
- No sé ni lo que estaba haciendo, Rochi por favor, yo
no sabía lo que era no tenerte, y ahora que lo sé... No puedo soportarlo –
“Cuando vivas este infierno
pensarás en volver
Ese día te dejo la vida rodar o morir
¿Para qué me has traído hasta aquí?
En un mundo de excesos, fronteras y rezos
no cabemos dos”
A Rochi las palabras de Agus le parecían falsas, pero
ese hombre tenía el don de provocar algo en ella que la podía, era su
debilidad.
- Creo que todos se merecen una segunda oportunidad...
- suspiró la rubia - ¡Pero te llego a encontrar en algo raro de vuelta y te
olvidás de mí! –
- Confiá en mí... –
“¿Para qué me has traído hasta
aquí?
En un mundo de excesos, fronteras y rezos
no cabemos dos
Ella era una rockera, venía del '60 y sin
religión.”
Agus se levantó de donde estaba sentado y corrió a
besarla, sí que la había extrañado. En realidad no estaba seguro de poder
cumplirle, y para dejarla tranquila le había respondido eso, pero se iba a
esforzar para no perder de vuelta el amor de esa mujer, su mujer, esa rockera
que se mostraba rea ante el mundo pero que sólo necesitaba un poco de amor, y
eso solamente él lo sabía.
Cuando Peter conoció a Mery, ella estaba casada, pero
claro, él no podía saberlo. Estaban en un boliche, donde cada uno puede saber
poco de las personas que lo rodean. Él estaba sentado en la barra, ese era su
lugar, no le gustaba el baile en sí, iba para acompañar a sus amigos, pero para
él su única diversión era tomar, y quizás, si tenía suerte, terminar la noche
pernoctando con alguna mujer que cayera ante sus chamuyos baratos.
“Ella ganaba bien como telefonista
Yo laburaba mal y ganaba peor
Yo tenía el primer papel, ella era
protagonista
De la historia más triste de todas las de
amor”
Cuando la vio a Mery bailando y moviendo sus caderas
al compás de la música, supo que esa noche quería terminarla con ella, pero
también se dio cuenta que sus tácticas de siempre no iban a funcionar con ella;
tenía que ser más suspicaz.
“La fiché desde lejos, moviendo su
cintura
Y al ritmo de su cuerpo mi mirada bailó
Se rompían los espejos reflejando su
hermosura
Se rompían los esquemas de mi pobre
corazón”
Se acercó a ella y le lanzó un piropo más fino y
rebuscado de los que solía decir. Mery se dio vuelta a ver quién se había
atrevido a hablarle, y se perdió en esos ojos brillosos que la miraban.
- Gracias - sólo atinó a responderle, sonrojada - Sos
distinto a todos los que vienen acá –
- Entonces me merezco algo que los demás no... –
En lugar de ser él quien diera el primer paso, fue
ella que se lanzó a sus brazos a darle aquel primer beso con el que comenzó su
triste historia de amor. Mery lo besó sin sentido de culpa, ni siquiera se
acordó de que en su casa la esperaba su marido. Se perdió en esos besos, en
esos ojos, en esos brazos, se dejó llevar por él.
“Dichoso, si es que existe, el
dueño de esta perla
De esta obra de arte, de esta boca de miel
Le dije y ahí nomás (a pesar que existía)
Ni papel, ni biromes: Derechito al hotel”
Él, obviamente, ya sabía adónde quería llevársela.
Pero distinto a otras veces, no la quería sólo para eso. Quería hacerle el amor
esa noche y mil más.
Camino al hotel casi no hablaron, sólo se dijeron los
nombres, las edades... Pero no mucho más. Llegaron y consumaron su amor, Peter
la cuidó, no fue brusco como hubiera sido con cualquiera, quería que a pesar de
esa situación se sintiera amada.
Al terminar, Mery se mostró presurosa por volver.
Peter no entendía el porqué de su apuro, pero le ofreció alcanzarla hasta donde
ella quisiera. En el auto iban hablando. Mery empezó a contar la verdad.
- Mirá Pitt... La verdad es que no sé si va a haber
próxima vez... –
- ¿Por qué? ¿No te gustó? ¿No te sentiste cómoda? –
- No es eso... Es que... Yo estoy casada - dijo, con
los ojos cerrados
Peter sintió que su corazón se rompía, ¿Por qué se
había fijado en ella? ¿Por qué no era capaz de usarla como a todas las demás?
- Igual no estamos bien, nos peleamos mucho, no creo
que esté mucho tiempo más con él... Por eso empecé a salir, a hacer mi vida...
Ya no estoy conforme con la relación, creo que no debí haberme apurado a
casarme con él –
“Supe que era casada con problemas
de pareja
Y que no soportaba gente de mal humor
Supe que enloquecía con los besos en la
oreja
Que en la cama y desnuda baila mucho mejor”
A Peter le dio la impresión de que Mery sólo había
dicho esto para persuadirlo, su corazón ya estaba herido. Ya habían llegado.
Ella iba a bajar, y a irse a dormir al lado de su marido, esa noche y todas las
noches, y él no tenía lugar ahí. La besó, algo furioso.
- Si no estás bien, entonces dame una oportunidad –
- Podés tener todas las noches a una distinta... –
- ¿No dijiste que yo era diferente? - Mery asintió -
Aunque no me creas, quiero volver a verte, no quiero usarte, quiero que seas
feliz... Es obvio que con él no lo sos –
- Te prometo que lo voy a dejar –
“Ella le caía bien a todos mis sentidos
Salvo cuando el marido era el tema de
hablar
Cuando su confesión lastimó mis oídos
Me dije no la escuches, no te ahogues en
su mar”
Mery le dio un pico y bajó del auto. Y a los pocos
días, cumplió su promesa. Su marido se fue de la casa, y Mery y Peter
comenzaron a vivir su romance libremente.
“Yo abrí de par en par las puertas
de mi alma
Y dejé que saliera mi secreto peor
Disimulando lo triste y conservando la
calma
Le dije "Aunque no creas, estoy buscando
amor"
Pero no todo puede ser tan perfecto; y al cabo de un
tiempo se empezó a notar la diferencia de lo que ambos querían. Mery estaba
acostumbrada a algo muy formal, con tiempos muy estrictos, a que le cumplieran
siempre en todo. Peter, no sabía lo que era una relación, y así muchas veces no
cumplía con las expectativas de ella. Pronto se fueron aburriendo y sostuvieron
una relación pinchada y vacía por más tiempo del que deberían haberlo hecho.
“Nos rendimos los dos a fingir como
tontos
Que yo era su marido y que ella era mi
mujer
Pero al cabo de un tiempo yo no quería ser
su esposo
Y ella quiso volver a ser la dama infiel”
Mery comenzó a visitar nuevamente a su ex, quien no se
cansaba de pedirle que volviera, y ella, aunque no volvía, tenía sexo con él.
Un día, terminó confesándoselo a Peter y ese fue el
fin
- Peter... Creo que los dos sabemos que esta relación
no es la misma... Y yo... Yo... –
- ¿Y vos qué, Mery? –
- Y yo me estoy viendo de nuevo con mi marido... Creo
que nunca tendría que haberme separado de él... Creo que nos equivocamos,
Peter... –
-Entonces volvé con él - le dijo Peter con furia y
bronca antes de pegar un portazo e irse de la casa de ella.
“Ahora ella está feliz, volvió con
el idiota
Yo recorro las calles buscando otra mujer
Y aprendí que mentirse tiene patas muy
cortas
Que siempre la costumbre va a matar al
placer
Va a matar al placer.”
Así, Peter se dio cuenta de que el amor era algo que
no valía la pena, ya que a la larga, la rutina terminaba por gastar todos aquellos
lindos momentos que hubieron en un principio, y uno se quedaba al lado de la
otra persona por costumbre, pero eso estaba muy lejos de ser amor. Él no servía
para el amor, y se preguntó si realmente alguien servía para eso o si todos en
verdad estábamos hechos para otra cosa. Él no volvería a enamorarse, pero
mientras tanto volvía a frecuentar los bares para encontrar otra mujer que le
brindara placer.
Cuando eran sólo dos adolescentes, Daky y Pablo eran
compañeros de colegio. Tenían trece años, y para Pablo ella era hermosa, única
e inalcanzable. Estaban en una edad en la que se sentían mitad adultos y mitad
niños, y por eso él nunca supo cómo encarar la situación. Tenía vergüenza de
expresarle sus sentimientos, de hacer el ridículo frente a todos, de que sus
amigos lo carguen y de que Daky se sienta terriblemente incómoda, o, lo que era
peor, que no sintiera lo mismo que él.
Cuando Pablo la veía en los recreos, se dedicaba a
escribirle poemas. Eran unas bellas piezas románticas que jamás le llegaron a
su destinataria; él, cuando llegaba a su casa, los archivaba prolijamente en una
carpeta y pasaban al olvido.
“Qué linda que estás, sos un
caramelo
Te veo en el recreo y me vuelvo loco
Todas las cosas que me gustan, tienen tu
cara
Y espero los asaltos, así juego a la
botellita con vos”
Cuando ya habían cumplido los catorce, fue el
cumpleaños de una de sus compañeras de colegio y organizó uno de los primeros
bailes, casero, inocente, pero al que todos asistieron con muchas ganas. En
él jugaron por primera vez al juego de la "botellita", en el que a la
persona que le tocaba el pico de la botella, sus compañeros le elegían a quién
debía darle un beso. No estaban seguros de si las reglas eran realmente así,
pero como no hubo oposición, jugaron de esa forma.
La tercera vez que giraron la botella, el pico se
detuvo apuntando a Pablo. Él estaba deseando que le toque, pero también
esperaba que sus amigos supieran a quién elegir. Y así lo hicieron.
"Daky" resonó en el aire en la boca de todos los varones.
- Es mi amigo, no da - dijo Daky, toda ruborizada
- Dale, puede ser un pico nomás - dijo una de sus
compañeras - No es necesario que sea chape –
Pablo se levantó como un galán y con mirada seductora
se dirigió hacia ella. Se sentó a su lado y cuando vio que ella cerró los ojos,
él la abrazó, cerró los ojos y le dio un pico. Él no se despegaba, pero ella
tampoco lo hacía, así que decidió darle realmente un beso, sólo de labios, pero
más emocionante que un pico.
Sus compañeros empezaron a arengar y Daky se sonrojó,
pero no detuvieron el beso. Ninguno de los dos aflojaba. Pablo fue más allá y
le metió la lengua. Se dio cuenta que Daky no sabía qué hacer, así que trató de
ir guiándola. Hasta que alguien interrumpió
- ¡Bueno, ya está che! ¡Después se chapan toda la
noche, ahora dejen que sigamos jugando! –
El juego continuó un rato más, y luego pusieron música
como para bailar. Daky se fue al patio y Pablo la siguió.
- ¿Te gustó el beso? –
- ¿Te puedo confesar algo? –
- Sí, decime –
- Era mi primer beso, por eso besé horrible - agachó
la mirada - No le andes contando a tus amigos, por favor –
- No pasa nada - Pablo levantó el hombro - No
estuviste tan mal, y no voy a decir nada, quedate tranquila –
- ¿Y ahora... Quedamos como amigos, no? –
- Sí... Amigos - soltó finalmente Pablo y entró.
En ese instante se estaba odiando a sí mismo más que a
nada en el mundo. Se sentía un tonto por ser tan frío y secote, pero no le
salió otra cosa. Tenía mucha vergüenza, después de todo, era casi un niño aún.
Sólo lo reconfortaba el hecho de saber que había sido
el primer beso de Daky, eso haría que nunca se olvide de él, y lamentaba haber
conocido unos meses atrás a una chica dos años mayor que lo besó de prepo,
porque si no hubiera sido Daky el primer beso. Pero de todos modos, sabía que
nunca se iba a olvidar de ella.
La relación entre ellos obviamente, no prosperó. Se
dieron algunos besos más en otros asaltos y a pedido de sus compañeros, besos a
los que Pablo aceptaba con gusto y aprovechaba la situación. Luego, esos juegos
dejaron de hacerse, porque ya habían crecido, y el que quería besar a alguien
iba y lo encaraba directamente. Pero Pablo no lo hacía, por su timidez, su
inseguridad, y su manía de pensar demasiado las cosas.
“Mi bomboncito
Qué excitante que estás, tendrías que
saberlo
Esa cola es la manzana más buscada
Y esos senos el alimento de mi creación
Quisiera arrancarte un día y morirme en un
telo con vos
O quizás en un auto”
Un día cuando ya tenían dieciséis, Daky entró
corriendo al aula en horas de recreo y gritándole a sus compañeras
- ¡Se me dio, chicas, se me dio! ¡El de sexto me dijo
que sí, y me lo chapé! –
Lo que Daky no sabía era que en el aula no estaba
ninguna de sus compañeras, él único que estaba era Pablo, que la miró con cara
de odio.
- Ah, Pabli, no sabía que estabas acá, pensé que
estaban las chicas - Pablo se levantó y la encerró con sus dos manos contra la
pared
- ¿A quién te estás comiendo? –
- A uno de sexto - dijo Daky esquivándole la mirada
- Son todos piratas, te van a hacer sufrir y vos te
merecés más que eso - Daky estaba en silencio - ¿Vos te acordás de tu primer
beso? - Daky lo miró con los ojos grandes - Date cuenta lo que me pasa con vos
- concluyó Pablo y la besó. Estuvieron besándose un buen rato, hasta que
entraron todos sus compañeros gritando y riéndose, y las chicas sin entender
demasiado qué estaba pasando.
Ese fue el puntapie inicial. Ese día se pusieron de
novios, y pronto tuvieron su primera experiencia sexual, y lo mejor es que fue
juntos. Se graduaron con honores y al poco tiempo comenzaron a convivir.
“Han pasado cinco años, asumiste
las cosas
Hace tiempo que estoy buscando mi
verdadero yo
Hay una especie de simbiosis, lo dijo mi
psicóloga
Haría bien a la terapia alejarme un tiempo
Unos setenta años”
Llevaban cinco años de relación, Daky era una persona
muy celosa y por ende dominante. Pablo hizo más de lo que estaba a su alcance
para hacerla sentir bien. Todo su entorno se extrañaba de la paciencia que le
tenía.
A Pablo se le había acrecentado la inseguridad y la
falta de carácter, y fue así que comenzó a hacer terapia. Cuando fue contándole
más o menos la situación a su psicóloga, ella se dio cuenta de que Pablo estaba
obsesionado con Daky, y que ella se aprovechaba de ésto. Y a los pocos meses de
comenzada la terapia, Pablo dejó a Daky con la excusa de que ese
distanciamiento lo iba a ayudar a mejorar.
“Cómo estás querida, tengo esposa e
hijos
De vez en cuando hablo con ella y hasta
hago el amor
No es que quiera molestarte, pero me es
imprescindible
Sentarme en un café, y soñar un poco
Y tal vez amarnos”
Diez años después, las vidas de ambos habían cambiado.
Daky se había convertido en una exitosa diseñadora de indumentaria, y Pablo
trabajaba en el negocio familiar, se había casado con su psicóloga -la misma
que le había dado su primer beso aquella vez, la chica dos años mayor-, y
habían tenido dos hijos. No habían vuelto a saber más que una o dos cosas del
otro, por intermedio de sus amigos.
Un día se cruzaron casi por casualidad en un café; a
Pablo le regresaron los sentimientos al verla, el primer amor no se olvida.
- ¿Me puedo sentar? - casi tartamudeó, sonriente
- Sentate - respondió Daky, todavía perpleja
- Perdoname por haberte dejado así sólo por la
terapia... –
- Despreocupate Pablo, éramos muy chicos... –
- ¿Te casaste? - fue directo a lo que le importaba
- No, no estoy con nadie en este momento - Pablo
sonrió - Vos sí, por lo que veo - le señaló el dedo anular con la alianza
- Ah, sí, me casé con mi psicóloga, tengo dos hijos –
- Las vueltas de la vida - rió Daky, algo desanimada
- Bueno, no te quiero molestar - Pablo amagó
levantarse
- Quedate, ya van a venir los cafés - Pablo se quedó
en su asiento - Veo que seguís haciendo lo que te digo, muy bien – rió
- Pensar que en su momento, tuve que dejarte por eso –
“Y ha pasado mi hora, ¿Quién robo
mis años?
Cambio a toda esta familia por un segundo
con vos
Si te veo ahora, aunque termine en un
hospicio
Tomo una botella, y juego a la botellita
con vos.”
- Ahora, ¿No creés que la psicóloga te dijo eso para
que me dejes porque quería ser tu mujer? - Pablo levantó una ceja y Daky rió a
carcajadas - Es broma, no te creas todo lo que te digo –
- Qué linda que estás - le acarició el rostro
- Te recuerdo que estás casado –
- Me gustaría olvidarme por un rato de eso, y robarte
un beso –
- No, Pablo, no da –
- Te juro que si tuviese una botella acá, por más loco
que parezca a los ojos de los demás, me pongo a jugar a la botellita con vos
así recreamos el primer beso – rió
- ¡Sos tan tierno! –
Daky olvidó lo que había dicho apenas unos segundos
antes, y después de escuchar eso fue ella quien lo besó un rato largo, para
luego despedirse con algo de vergüenza, justo como la primera vez.