Eran las cinco de la tarde de un día de media estación
y Agus avanzaba con su carrito por el aeropuerto de Ezeiza. En un par de horas
iba a dejar su tierra natal por tiempo indefinido, partiendo en un avión hacia
Australia. Fue una decisión que le costó mucho tomar, pero finalmente eligió
irse.
La causa principal de esa partida, era Eugenia. Habían
estado de novios casi por un año, cuando ella lo dejó por otro. Agus sufrió
mucho, pero eso ahora no importaba, él quería irse y dejar todo atrás.
“Triste y con malas intenciones
(¡Ya no sé qué me dicen tus ojos!)
De moscona tibia en oferta
Que se ríe y pide volver... ¡Temblando!
¡Temblando!”
Agus se sentó y dejó su carro a un costado, hasta
esperar que se haga la hora de abordar. No habían pasado ni cinco minutos,
cuando la vio entrar. A ella. A la causante de la gran mayoría de sus males del
último tiempo. Euge entró corriendo con cara de desesperación, buscándolo con
la mirada perdida. Hasta que lo encontró.
- ¡Agustín! - corrió agitada a su encuentro
- ¿Qué hacés acá? - se paró de su asiento
- ¿Cómo es eso de que te vas a Australia? –
- No se responde una pregunta con otra pregunta... –
- Ay, extrañaba esas contestaciones - lo abrazó y él
intentó apartarse hacia atrás
- ¿Qué es lo que querés Eugenia? –
- No quiero que te vayas - dijo, al borde del llanto,
pero él no le creyó
- ¿Ahora te acordás? Cuando me engañaste me dijiste
que yo no te importaba, listo, dejame hacer mi vida –
- Las personas se equivocan, ¿O no? Yo me equivoqué al
irme... ¿Pero no me vas a perdonar nunca? –
- ¿Sabés qué pasa? Que con tu error yo sufrí mucho...
Si te hace sentir mejor, estás perdonada, pero no voy a volver con vos, me voy a
Australia en una hora y media –
“Yo ya sé que la ruta no es buena
(¡Me contás y me pongo inquieto!)
Sos tan cruel como tus ambiciones
Suplicás que firme tu cheque...
¡Sonriendo! ¡Sonriendo!
¡Temblando y sonriendo!”
Euge rompió en llanto y se recostó sobre el pecho de
Agus. Él la abrazó, intentando contenerla, ya que todo el aeropuerto los estaba
mirando.
- Quedate... Por favor... - le dijo después de unos
minutos de sollozos y silencio, y se animó a hacer una mueca que intentaba ser
una sonrisa
- ¿Para qué querés que me quede, Euge? - dijo Agus, un
poco cansado ya de la situación
- Al menos me dijiste Euge y no Eugenia... - rió
suavemente - Quiero que te quedes, Agus, quiero que lo volvamos a intentar, te
quiero demostrar que podés confiar en mí –
- Ese es el problema - suspiró amargamente - No creo
que pueda volver a confiar en vos... –
- Con él ya se terminó todo, tranquilo –
- Pero si no es él, en algún momento va a ser otro –
- ¡Creeme que no! - insistió Euge una vez más
- No puedo Euge - dijo Agus, cortante.
“¿Amarte es posible?
¿A quién tanto, ay, me lastima así?
Temor y dolor nos unen
(No puedo pensar en algo peor)”
Por los altoparlantes anunciaban que los pasajeros
para el vuelo a Sidney de las diecinueve y treinta debían hacer el check in.
- Bueno, me tengo que ir - dijo Agus señalando hacia
el aire
- Te vas nomás... - dijo Euge rendida
- Sí... - agachó la cabeza - Suerte –
“Ya te ves atascada en Ezeiza
(Ya perdió el chucho al que apostaste)
Allí está el numerito en tu cuello
Y vos no desperdiciás baba... ¡Boqueando!
¡Boqueando!”
Tomó su carro y comenzó a avanzar; Euge se había
quedado parada, mirándolo shockeada. Agus se dio vuelta a mirarla, frenó el
carro y se volvió corriendo hacia ella. Cuando estuvo justo enfrente y casi sin
pensar, le dio un beso de lengua, romántico y a la vez candente. Cuando se
separaron, Euge lo miraba con una gran sonrisa.
- Ahora sí, adiós - dijo Agus y se volvió hacia sus
cosas.
A Euge la sonrisa se le fue esfumando del rostro, y se
quedó mirando cómo Agus entregaba su pasaje y hacía la fila para abordar el
avión. Lo observó en todo momento, hasta que desapareció tras las escaleras del
avión.

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