Cuando Mery y Nico se conocieron, el flechazo fue
instantáneo. Se habían cruzado en una de esas fiestas en las que van los amigos
del agasajado, y los amigos de los amigos, y a la vez los amigos de éstos; esas
celebraciones en las que hay tanta gente que al final uno pierde a sus
conocidos y no le queda otra que interactuar con gente nueva, o quedarse recluido
tomando en un rincón.
“Su sonrisa me atrapó
Algo se paralizó
Su vestido se iluminó
Y la luna se oscureció”
Nico era más del primer grupo, del que prefería
conocer a más gente. Su novia se había escabullido por ahí con las amigas, y hacía
más de una hora que no la veía, pero no le importaba, sabía que iba a aparecer
a la madrugada, con unas cuantas copas de más y él iba a alcanzarla hasta su
casa, en el camino ella iba a quedarse dormida en el asiento del acompañante y
antes de bajar iba a darle un beso con olor a alcohol y despedirse así sin más.
Mery en cambio, era más del segundo grupo. No era una
persona muy sociable, sólo había asistido para acompañar a su mejor amiga, y
había terminado perdiéndola. Se lamentó el hecho de haber ido, y pensó que en
ese momento podría haber estado en su casa, en su cama, acompañada de su marido
y de su hijo de cinco años; le parecía mejor plan que estar en un lugar
desconocido, rodeada de desconocidos que se emborrachaban. Ella no quería
emborracharse, pero tomar un poco de alcohol no estaría mal. Al menos haría más
llevadero el momento.
“Escuchamos la mejor canción
Susurrando me la cantó
Con sus pies me acarició
Con su boca se despidió”
Nico y Mery. Mery y Nico. Dos mundos diferentes, dos
vidas diferentes y dos formas de pensar también muy distintas. Sin embargo, esa
noche estaba ideal para juntarlos. Para que repararan el uno en el otro y se
hicieran compañía un rato. Nico clavó su mirada en la de ella, y ella le
correspondió con una amplia y brillante sonrisa. Él avanzó, se sentó al lado de
ella. Justo traía dos daikiris de frutilla en sus manos, que era el trago
preferido de Mery. ¿Casualidad? ¿Destino?
- ¿Te parece si hablamos un rato? - comenzó a hablar
él
- Sólo si convidás... ¿O era para alguien más? –
- No, pedí dos porque no quería hacer la fila de
vuelta –
- Mery - se presentó, sacándole de sus manos uno de
los vasos de trago largo
- Nico –
Mery bebió un largo sorbo. Nico decidió romper el
hielo, ya que sino la charla no iba a prosperar.
- ¿Te aburre la fiesta? –
- ¿Cómo te diste cuenta? –
- Tu cara de aburrimiento se notaba a la distancia,
por eso me acerqué –
- La verdad, no soy muy de estos eventos –
- Yo más o menos, pero no hay onda –
- Totalmente... - Mery no sabía cómo continuar
- Y entre vos y yo... ¿Hay onda? –
A Mery le hubiera gustado explicar que en su casa un
marido y un hijo la esperaban, y que hacía casi seis años que no tenía vida
social, y que hablar con un desconocido era casi impensado para ella; pero Nico
no le había preguntado eso, y creía que estaba totalmente de más tener que
explicarle toda esa situación. Como demoró demasiado en contestar, Nico no se
hizo esperar. Sus labios ya estaban sobre los de ella, y Mery decidió seguir.
Ya tendría tiempo de sentirse culpable al otro día, pero ahora quería disfrutar
de ese ruliento que le había movido el piso esa noche.
“Que tengas buena suerte amor
Que te trate bien tu mejor sol
Tarde la vida nos cruzó
Y sólo canciones nos dejó”
Luego de ese beso, vinieron unos cuantos más. El
ambiente comenzó a calentarse, y claramente estaban en una situación que no
daba para mostrar en público, aunque nadie parecía reparar demasiado en ellos.
Nico propuso de ir a otro lado, más cómodo. Mery asintió. Sabía lo que eso
significaba, pero no le importaba, estaba más decidida que nunca.
“Por su espalda quiero correr hoy
En su boca quiero ahogarme yo
Desnudarla fue el mejor sabor
Y de todo algo nos quedó”
A los pocos minutos abandonaron el lugar en el auto de
Nico. Llegaron al hotel alojamiento más cercano. Nico pagó, entraron a la
habitación que les habían indicado en la recepción. Mery puso algo de música.
Eligió un tema de Spinetta, y suavemente empezó a tararearlo, mientras se
desnudaba. Se acostó y Nico hizo lo mismo a su lado. Ella lo acarició por todo
el cuerpo, a pesar de ser dos desconocidos, eso no era una simple calentura, ambos
sentían una conexión única y decidieron disfrutar el momento, pausado,
tranquilo. Le dieron mucha importancia a la previa, se besaron con deseo en
cada rincón de sus cuerpos y finalmente se hicieron uno.
“Vamos, que tengas buena suerte
amor
Que te trate bien tu mejor sol
Tarde la vida nos presentó
Y sólo canciones nos dejó”
Cuando terminaron, se quedaron mirando al techo.
Ninguno de los dos emitía palabra, no querían saber más sobre el otro aunque
los dos se imaginaban que cada cual tenía su vida. El fatídico timbre sonó,
anunciando el final del turno. Comenzaron a vestirse rápidamente. Aún no se
habían ido y ya se estaban extrañando, pero sabían que no volverían a verse.
Eso había sido sólo una noche de sexo maravilloso al ritmo de "Alma de
diamante".
“Vamos, que tengas buena suerte
amor
Que te trate bien tu mejor sol
Tarde la vida nos presentó
Y sólo canciones nos dejó
Vamos, que tengas buena suerte amor
Que te trate bien tu mejor sol
Tarde la vida nos presentó
Y sólo canciones nos dejó.”

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