Los invito a leer distintos cortos de mi autoría, los cuales son todos relacionados a la historia de dos personas que se aman.
Las historias varían de unas a otras, y cuentan un poco las diversas situaciones que tienen que atravesar para poder estar juntos. Algunas tendrán final feliz y otras quizás no...
Lali, con su remera escotada, con su minifalda, y con
sus botas de media caña, subió a su automóvil. Cerró la puerta, colocó la llave
en el tambor y lo encendió. Pisó el embrague, puso primera y aceleró con una
mano en el volante, mientras con la otra le tiraba besos a Vico, que la miraba
desde su portón.
“En tu ternura está acechándome
Una buena traición de mujer
Que echa hielo y brasas en mi corazón
(Fumando en la oscuridad)”
Apenas Lali desapareció, doblando la esquina, Vico
cerró con furia el portón, algo desvencijado, que daba entrada a su casa. Él
había preferido quedarse del lado de afuera. Ya estaba anocheciendo, y era un
buen momento para estar solo con sus pensamientos. Sacó un cigarrillo de la
caja de Marlboro que tenía en sus bolsillos, lo encendió y pitó bien fuerte,
sintió al humo en su garganta y luego en sus pulmones, y exhaló con un soplido.
Vico se quedó mirando a un punto fijo en el asfalto
mientras pensaba en Lali. Él la amaba, era lo más lindo que le había pasado en
el último tiempo, y sin embargo no entendía cómo podía ser tan dulce y tan
maligna, tan cálida y tan fría a la vez.
“Sobrio no te puedo ni hablar
Estoy perdido sin mi estupidez”
Vico había conocido a Lali en el casamiento de unos
amigos que tenían en común. Él la miró toda la noche, pero no se animaba a
hablarle, le parecía demasiado linda como para darle bola a un pobre tipo como
él, se sentía nada al lado suyo. Hasta que, entrada la noche, él había tomado bastante,
y se animó a acercársele. Hablaron, bailaron y hasta se besaron. Su amigo le
advirtió que tuviese cuidado con ella; y Vico no había entendido por qué
tendría que haber tenido cuidado con esa dulce muñequita. Hasta que tiempo
después lo comprendió.
“Un auto guapo va a venir por vos
Y nada va cambiar
Vas a vivir en el Delta, en un lanchón
Buscando de qué reír”
Hacía tres meses que estaban y no estaban. Eran todo y
eran nada a la vez. Lali, estando con Vico, era tierna, demostrativa y le daba
amor, que iba más allá del sexo. Podrían haber sido una pareja perfecta, pero
Vico era pobre. Era un pibe de barrio, como cualquier otro, y eso chocaba con
las ambiciones de la frívola Lali. Ella soñaba con vivir en una isla del Tigre,
anhelaba tener un yate que llevase su nombre, y moría por tener un guardarropas
lleno de prendas y perfumes importados. Era, sin dudarlo, una vida de lujo que
Vico no podía darle ni aunque volviera a nacer.
“Con las piernas más bonitas
Las más lindas piernas que vi
Y un juego rico de amores
Caída libre para dos”
Vico era consciente de que Lali tenía a otro hombre.
Ella misma se lo había confesado, pocos días después de conocerlo. Era un
hombre un poco mayor que ella, pero aún joven, candidato a intendente, y nacido
en cuna de oro. Era el que podía darle la lancha, la casa en el Delta, y la
indumentaria traída directamente desde París. El único detalle, importantísimo,
era que Lali no lo amaba. Eso también se lo había dicho a Vico el mismo día.
Por eso ella volvía una y otra vez a destinarle parte de su tiempo a él. Era el
único que la amaba, y ella lo hacía sentirse amado; cuando estaban juntos y se
olvidaban de que existían otras personas; cuando Vico se refugiaba entre sus
dos perfectas piernas y le hacía el amor como si afuera no hubiese nada. Pero
Vico no sabía si esto era un premio o un castigo.
Al otro día de ese suceso, Lali volvió a acudir, tal
como lo habían planeado. Él la había estado esperando ansiosamente, no le
importaba que el día anterior haya cenado en los mejores restaurantes ni que
haya tenido sexo en el más caro de los hoteles. Él tenía poco para ofrecerle,
pero el amor de ambos lo era todo.
“Le das la copa al fin al vencedor
Tarea fina perdida en mi soledad
No sé si no me gusta más que el rock
(Nunca la vi llorar)
Si no va sin freno no anda bien
Ni me encadena a su show”
Lali bajó del auto, otra vez mostrando sus bellas
piernas, que eran la parte de su cuerpo que más le gustaban a él, y a tantos
otros. Pero esta vez, su rostro no era el de siempre. No venía con la sonrisa
radiante ni con el brillo en los ojos. Sus rojos labios estaban serios, y su
mirada vacía.
- Lali, mi amor, te extrañé mucho - le dijo Vico, y a
continuación la abrazó. Ella se dejó abrazar, pero permaneció inmóvil, y no
correspondió al abrazo. - ¿Qué pasa? ¿Te pasó algo? ¿Te hizo algo el viejo gil?
–
- Vico... Lo nuestro se tiene que terminar... –
- ¿Qué? No me estarás hablando en serio, ¿No? –
- Sí, Vico. Tenemos que terminar con esto... –
- Ese fue el viejo que te metió ideas en la cabeza
seguro... –
- Él no me dijo nada. Ni siquiera sabe que existís -
Vico se sintió herido con esas palabras - Me voy a comprometer con él - remató
Lali, hiriéndolo por completo
- ¿Sabés algo? Al fin vas a vivir tu vida de niña rica
mimada como siempre anhelaste, porque tu vida es tan vacía que tu única meta es
ostentar lujos, pero no te das cuenta que de esa forma nunca vas a ser feliz,
porque vos a él no lo amás, y dudo mucho de que él te ame a vos –
Vico estaba enojado. Lali lo sabía, sabía que de otra
forma jamás se hubiera referido a ella así. A Lali le molestaron las palabras
de Vico, y quizás hasta reconocía que algo de razón tenía; pero prefirió no
darle demasiada importancia a las palabras de un iracundo. Lali lo besó sobre
los labios.
- Nunca me voy a olvidar de vos, y sé que vos tampoco
de mí, pero estoy a punto de realizar mi sueño... Sé feliz –
“Con las piernas más bonitas
Las más lindas piernas que vi
Y un juego rico de amores
Caída libre para dos.”
Lali terminó de decir esto, y se fue, haciendo resonar
sus pasos, contorneándose y moviendo sus piernas de manera provocativa. Le
había dicho a Vico que sea feliz, pero, ¿Cómo él iba a poder ser feliz sin
ella? ¿Sin su calor? ¿Sin su amor? ¿Sin su locura? ¿Sin sus lindas piernas
todas para él?
El único consuelo que tenía Vico, era pensar que las
palabras que le había dicho iban a ser ciertas, y que Lali, por más realizada
que se sintiera, por más llena de ego que estuviese, no lograse sentirse feliz
nunca; quizás, y sólo quizás, de este modo, regresase alguna vez a sus brazos
en busca de un poco de amor...
"Tenemos que hablar". Esa frase, tan temida,
había pronunciado Cande unos momentos atrás. Agus suspiró. Conocía a esa mujer
desde hacía seis años. Durante tres había sido de él, de su propiedad. Los
otros tres los había pasado muy lejos, durmiendo en otros brazos, besando otros
labios y haciendo el amor con otras personas. Así y todo, él podía darse el
lujo de decir que era el hombre que más la conocía. Sabía todo de ella, con
sólo mirarla se daba cuenta de todo, y por eso en ese momento se daba cuenta que
lo que tenía para decir no era bueno. ¿Cuándo después de un "tenemos que
hablar" se viene algo bueno? Si uno quiere hablar de algo bueno, lo hace
sin más, sin tantos preludios. Cuando mediante eufemismos se dan vueltas antes
de decir algo, es porque lo que se viene es malo. Es como que se intenta
persuadir al destinatario, como si eso fuese a aliviar el dolor que vendría
después.
“Mientras miro el mal tiempo
Que muestra el ventanal
Caen las ramas desnudas
Que no tiemblan como vos”
Agus suspiró. Miró por la ventana, se había desatado
una terrible tormenta, las gotas de lluvia golpeaban con furia en los vidrios
del ventanal, y el viento soplaba con ímpetu, quebrando algunas ramas pequeñas
de los árboles, las cuales ya no tenían hojas a mediados del mes de Junio.
- ¿Me dejás hablar? - Cande lo sacó de sus
pensamientos, con una voz temblorosa
Agus carraspeó. Sin despegar la vista con la ventana,
emitió un sonido gutural equivalente a un sí. Eso le bastó a Cande para empezar
a hablar.
- Mirá Agus... Yo creo que no nos tenemos que ver
más... ¿Viste que siempre dicen que las segundas partes nunca fueron buenas?
Bueno, creo que es cierto... No sé, no es lo mismo... Me emocioné al verte, me
dejé llevar. Tenía un buen recuerdo de vos, no hubo día en estos tres años que
no extrañé tus besos, pero ahora que los tengo... No es lo mismo... Perdoname -
suspiró, algo agobiada de hablar tanto y tan de prisa.
“No fue bueno verte de nuevo
(No debió haber pasado nunca)
Lo que mejor te sale es provocar”
Agus quedó callado. Era obvio que Cande iba a decirle
algo así, pero no la comprendía, ¿Por qué para ella ya no era lo mismo? ¿Por
qué para él sí lo era? Él la seguía amando como antes, no veía qué era lo
distinto, y no podía concebir lo que ella planteba; pero Cande ya había
decidido.
Cande intentó irse, pero el clima azotaba bravo
afuera, y Agus no se lo permitió.
- Quedate... Mirá cómo sopla afuera... –
- Está bien - Cande se sentó frente a él
- Hubiera sido mejor que no nos volviéramos a ver,
¿No? - intentó herirla
- Es cierto... Me hubiera quedado con el buen recuerdo
de antes y no con esto que me encontré ahora... –
- ¿Qué tiene de malo ahora? - Agus se levantó de un
salto - ¿Qué tengo de malo Candela? ¿Ya no me amás? –
Cande se miraba las uñas, apretándose el escote, casi
sin quererlo, siempre provocaba, siempre lo excitaba. Agus terminó de decir eso
y la besó de prepo, con un beso fuerte, apasionado y un poco enfurecido. Al
terminar el beso la tomó del rostro
- Decime que no sentís lo mismo ¿Eh? Decime que ese
beso no te produce nada –
“Fueron un par de días
Volvimos a fingir
Que estábamos felices
De desearnos otra vez”
Y no. Cande no sentía nada. Se había enamorado sólo de
un recuerdo. Se había enamorado de lo que era ella cuando estaba con él. Pero a
pesar de que adelante de sus conocidos se mostró encantada con el reencuentro
-y todos se sintieron conformes con eso-, la realidad es que esta vez ni
siquiera ella lograba ser lo que había sido. Ya nunca más sería esa de antes.
Agus ya no lograba conmoverla.
“Vos siempre estás enamorada
De lo que intentas destruir
Dejás la luz prendida para dormir”
- Es que hay algo que se rompió, y ya no va a volver a
ser como era... Extraño ser como antes –
- Entonces el problema no está en mí - replicó Agus -
Lo que pasa es que vos cambiaste mucho, y para mal. Con tanta frivolidad
encima, nunca vas a lograr ser feliz. Te estás boicoteando a vos misma –
- Puede ser - Cande sonrió - Pero vamos, ¿Quién no
querría ostentar a una vida de lujos, aunque sea superficial? –
“No veo muy gracioso
Ir perdiendo el humor
Es un don doloroso, amor
Tu sonrisa, esta vez”
Agus no podía creer que Cande pensara así. Esa no era
su Cande. Lo que más le molestaba era su sonrisa, ¿Cómo podía sentirse
orgullosa de lo que había dicho?
La tormenta había mermado. Cande se levantó del
sillón.
- Bueno... Ahora creo que sí, que llegó mi momento -
señaló hacia afuera - Chau Agus - le dio un beso en la mejilla y él le cerró la
puerta. Se dio cuenta que nunca sería lo que ella quería.
“Pelusa muerta en los bolsillos
Y treinta y cinco mangos sucios
De miedo y de auto-encierro loco
¡Oh no! ¡Oh no! ¡Oh no!”
Hurgueteó en sus bolsillos, sólo le quedaban treinta y
cinco pesos y restos de suciedad. Él nunca hubiera entrado en el mundo frívolo
de ella. Seguramente pronto conseguiría a algún gran señor que se pasee
orgulloso de su brazo, pero sabía que Cande no iba a lograr ser feliz del todo.
Agus suspiró, y limpió el vidrio empañado con la mano mientras veía que afuera
la tormenta comenzaba de nuevo a azotar.
Mery tenía 18 años, y cada noche vendía su cuerpo para
poder sobrevivir. No le gustaba hacerlo, pero no tenía otra alternativa. Se
había ido de su casa un año antes, totalmente peleada con su madre, no tenía dónde ir y ni siquiera había
terminado el secundario.
En el prostíbulo al menos ganaba algunos cuántos
pesos, con los que le alcanzaba para alquilarse una piecita y hacer una comida
al día. No eran grandes lujos, y era sacrificado, pero Mery pensaba que, en su
situación, podía estar mucho peor.
A Mery siempre la presentaban a sus potenciales
clientes como "la reina momo", y le habían inventado una historia,
como que era extranjera, a veces rusa, a veces polaca, y que no sabía decir
ninguna palabra en español. A Mery le resultaba ridícula toda esa fantasía,
pero era rentable, y además así evitaba hablar con seres desagradables.
“Ella empezó sonriendo en un bar sin luz
Dicen que lo hizo hasta con el Diablo
Linda desde la cabeza hasta los pies
Y con su carcajada ronca me tentó”
Una noche, a ese bar camuflado, entró Gastón. Le
vendieron la misma historia de siempre, y compró. En pocos minutos, estuvieron
frente a frente, los dos solos, en una habitación que sólo tenía una cama.
- Sos tan linda, lástima que no me entiendas ni una
palabra - le dijo Gas y le acarició el rostro
- No te creas la historia, es todo un invento -
contestó Mery en un perfecto español
- ¿Y tan rápido rompés con la fantasía? - dijo Gas,
desilusionado
- Sólo con vos, porque no parecés igual al resto –
- ¿En qué sentido? –
- Parecés piola, no como esos viejos cogotudos –
- Vos también parecés piola –
- Perdoná por romperte la fantasía, me gustaría
hablarte en ruso o algo de eso, pero no tengo ni idea... –
- No importa, sos tan linda que no necesito un
incentivo extra –
Mery sonrió provocativamente, y en pocos minutos ya
estaban los dos desnudos entregándose el uno al otro sobre la cama. A Gas le
hubiera gustado ser bruto, descortés y descargar allí toda su energía, como
cada vez que iba a uno de esos lugares, pero con Mery no pudo. Con ella sólo le
salió ser suave, era una muñequita frágil y delicada, y Gas pensaba para sus
adentros que seguramente ni siquiera era mayor de edad; él, con veintisiete
años, no se animaba a ser violento con ese angelito. Pero Mery de angelito
tenía poco, y pronto Gas se dio cuenta de la vasta experiencia de ella. Era
linda, dulce y lo hacía como los Dioses. O como mil demonios. Gas llegó muy rápido
al orgasmo.
- ¿Y, cumplí con tus expectativas? - dijo Mery
mientras se colocaba nuevamente el portaligas
- Ufff... Sos brava nena - dijo Gas, aún agitado y
acostado sobre la cama - Ya estoy viejo yo... –
- Bueno, cuando quieras repetimos - le guiñó el ojo
- Voy a volver, ni lo dudes, porque voy a volver -
sentenció Gas antes de irse.
“La reina momo todo el tiempo anda a la
pesca
Del vino que nos va a poner un poco tontos
Pide más”
Gas volvió dos veces más, como lo había prometido.
Entre sesiones de sexo, iban conversando un poco más. La tercera vez que lo
hicieron, Mery se animó a pasarle la dirección de su casa
- Estoy sólo de día, de noche ya sabés que estoy acá -
dijo Mery, entre risas.
Ella no se lo esperaba, pero en tres días lo tuvo a él
en su puerta.
- Pasá... Es sólo una pieza, y está enquilombada,
espero que no te joda –
- No, ¿Por qué me va a joder? –
- Ponete cómodo... ¿Tomamos algo? –
Mery, sin esperar respuesta, abrió la heladera y sacó
un vino Pinot Noir. Luego, lo sirvió en dos vasos de vidrio que tenía sobre la
mesada.
- Te debo las copas – rió
- ¿Qué es? –
- San Pedro Vino Gato - dijo leyendo la etiqueta -
Pinot Noir... ¿Nunca tomaste? –
- No... –
- Yo tampoco... Es chileno, creo, me lo trajo un
cliente –
- Ah, no soy el primero que viene acá entonces –
- Sí lo sos, sólo me lo trajo al bar... - le tendió un
vaso - Tomá - Gas bebió
- Está bueno, ¿Eh? –
- Sí... Dame que te sirvo más... –
“Es tan golosa que no hay tiempo que
perder
Y tan bonita que siempre tendrá problemas
Su gata
Pinot Noir se estira y ronronea
Y le seguimos la corriente”
Entre trago y trago, comenzaron a contarse sus vidas.
- Así que me peleé con mi vieja, porque nunca me creyó
que él me tocaba... Pero era cierto - dijo Mery, con una expresión triste
- Hay gente que mejor perderla que encontrarla... –
- Sí, seguro... A veces extraño a mis hermanas
nomás...La verdad es que no me animé a volver a ir a Monte
Grande... –
- Yo te puedo acompañar un día, si querés –
- Necesito pensarlo –
- Está bien –
- ¿Y vos? ¿Qué es de tu vida? –
- Yo soy de un barrio humilde, tengo a mis viejos, a
mis hermanos, gente muy laburadora... Yo soy la oveja negra de la familia... Me
gustaba salir, aunque ya no lo hago demasiado, y mis supuestos amigos de hace
unos años me enseñaron cómo ganar plata fácil. Me quise robar un coche, por no
tener experiencia me agarró la yuta, me comí un año adentro... Cuando salí, ya
no fui el mismo... Me di cuenta que la única que me iba a llevar comida era mi
vieja, a mi hermano el más chico no lo dejaban ir a verme por ser menor,
lloraba por mí. Mi viejo estaba muy decepcionado, nunca me fue a ver, pero ya
recompusimos la relación... Y todos esos que se la daban de amigos, desaparecieron
automáticamente cuando caí. Igual cuando salí me los crucé, nos cagamos a
palos, creo que ya se dieron cuenta de que me jodió... –
- Qué historia de vida fuerte - suspiró Mery
- ¿Fuerte? - rió Gas - Fuerte es tu historia, que
tuviste un padrastro que te violaba, y que tenés que vender tu cuerpo todas las
noches, no yo que fui un pendejo boludo y pagué caro mi estupidez –
- ¿Y ahora qué hacés de tu vida? –
- Soy electricista, no matriculado, pero siempre para
algún laburito me llaman –
- Yo sabía que vos no eras como los demás –
- Vos tampoco lo sos... No sos como las otras que
trabajan ahí... –
- ¡Uy mirá la hora! - dijo Mery mirando el viejo reloj
de pared - Ya me tengo que empezar a preparar para irme... - bufó.
“Babitas de su sexy caramelo
Y ternuras que no son para este mundo”
Gas no la notó contenta. Se dio cuenta de que esa
pobre chica lo que menos quería era ser de uno distinto todas las noches. A
simple vista uno se podía dar cuenta de que ella quería amor. La reina momo.
Una reina destronada y sin corona. Un ángel caído al cual un viejo degenerado
le había arrancado las alas. Gas tenía en sus manos el poder hacer que esto
cambie.
- ¿Y por qué mejor no tomamos otro vino? –
- ¿Otro más? Se me va a hacer tarde... Además no tengo
otro... –
- Yo compro. Dale, es un ratito nada más –
Mery aceptó. Gas se fue y al rato regresó con otro
vino. Distinto, nacional y más común, pero la finalidad era la misma. Los dos
bebieron juntos, entre risas y recuerdos, y se fueron emborrachando. Mery, algo
ebria, tomó la decisión de no ir al bar esa noche. En su lugar, Gas fue en
busca de más alcohol. Dos vinos más. Dos vinos fueron suficientes para terminar
en la cama, esta vez porque los dos querían. Gas fue tan suave con ella como
las veces anteriores, y más aún. Quería demostrarle que el sexo y el amor
podían ir de la mano.
“El aire se hizo todo azúcar con su voz
Y no me pude resistir sin respirar
Me fabricó un rico milagro con ventajas
¿Y qué más puedo pedir?”
Once y media de la mañana y el despertador sonando en
la desvencijada mesita de noche. Mery lo paró aún dormida, y se tomó la cabeza,
la cual le dolía demasiado. Siempre que se emborrachaba le pasaba eso, y por
eso todas las veces decía que era la última vez que bebía sin control, pero
claro que no lo cumplía.
Gas, a su lado, dormía profundamente. Ni siquiera
había oído el molesto ruido del aparato. Mery lo sacudió.
- Gastón... Gas, levantate... ¡Gastón! - iba elevando
su voz a lo largo de la frase
- ¿Qué hora es, Mery? –
- Las doce del mediodía - exageró - Me van a matar en
el bar –
- ¿No estuvo mejor quedarte conmigo? - Gas se sentó
lentamente en la cama
- Sí, todo muy lindo, pero me van a echar ¿Y qué voy a
hacer después? –
- ¿Quedarte conmigo? - preguntó pero casi afirmando
Gas
- No me hagas reír... A vos no te importa porque no
tenés nada que perder, tenés tu oficio al menos y te la rebuscás con eso, a mí,
si me echan del bar pierdo todo y no tengo dónde ir - se enojó Mery
- ¿Nunca vas a tomar en serio lo que te digo, no? –
- ¿Qué cosa? –
- Lo de salir de ahí y quedarte conmigo –
- ¿Te vas a enamorar de una puta acaso? –
- ¿Qué tiene de malo? –
- Vos nunca te vas a enamorar de mí, me vas a usar, y
cuando te aburras me vas a dejar por una con aires de señora –
- ¿Por qué creés que no me puedo enamorar de vos? ¿Qué
sabés lo que siento yo? –
- Ya tuve muchas desilusiones en mi vida, no quiero
que seas una más –
- Si es lo que pensás... Chau Mery... –
Gas se despidió con seriedad. Mery abrió la puerta, y
una vez que él salió, la revoleó de un portazo y lloró. Lloró por todas esas
noches en las que perdía su dignidad siendo penetrada brutalmente por ebrios,
violentos y despiadados que la trataban como a una muñeca inflable o peor aún.
Lloró por su madre y su padrastro, que se encargaron de arruinarle la vida.
Lloró porque extrañaba a sus hermanas. Lloró porque la vida había sido tan
injusta con ella. Lloró porque estaba tan herida que cuando Gastón le quiso dar
un poco de amor, ella lo apartó de su lado. Cuando terminó de llorar se lavó la
cara, se enjuagó los ojos, se empolvó con rouge y se fue al bar.
Esa noche, la recibieron bien a pesar de que había
faltado la noche anterior. Mery continuó su vida como siempre. Gas no había
vuelto a frecuentar el prostíbulo, y ella se preguntaba todas las noches si en
algún momento regresaría.
“Hay gotas de mi sangre en su trago
Me lastimé los labios al brindar sin ella”
Hubo una vez en que los pensamientos de Mery se
hicieron realidad, y Gas se hizo presente nuevamente.
- La reina momo, ¿Verdad? - dijo la madame con su
áspera voz.
- No - dijo firme Gas, mirando a Mery a los ojos - Hoy
quiero a La Turca –
La Turca. Esa morocha grandota y voluptuosa, con los
ojos verdes más lindos que Mery haya visto jamás. Se sintió traicionada. Gas no
la eligió a ella, eligió a una competidora aún mejor. Si hubiera sido cualquier
otro cliente, a Mery no le habría importado. Pero era Gastón. El que había
querido brindarle amor cuando ella lo rechazó abruptamente. Y ahora estaba
pagando las consecuencias.
Mery lo vio salir luego de pasada la media hora que
había abonado (la ponía un poco menos peor el hecho de que con ella pagaba una
hora entera). Cruzó miradas con Gas, y cuando vio esos ojos furiosos clavados
en ella, sintió el llanto inminente queriendo brotar de su garganta y salió
corriendo a encerrarse en un cuarto.
Gas se quedó anonadado al ver su reacción. Sus
compañeras salieron corriendo tras ella. Al rato, una salió y se dirigió a la
madame.
- La nena está encerrada, llorando –
- ¿Qué le pasó? –
- No quiere hablar ni decirnos nada, sólo llora –
- Déjenme, que yo voy a ver qué pasa - se metió Gas
Se acercó a la puerta y le golpeó
- Mery, ¿Me dejás pasar? –
- No, andate - le contestó entre sollozos
- Dale, no me voy a ir hasta que no me abras –
- Esto es inaudito, meter en el medio a un cliente, es
una impertinencia de tu parte, María. Ya sabés que se prohíben las relaciones
amorosas con los clientes. Después vamos a hablar muy seriamente –
“Quizás ya sea un poco tarde para mí
Y para mi última aventura sobre un blues
Yo me he agachao', no tengo ya remedio
Mi brújula tembló”
Mery, algo asustada, abrió. Gas entró y la agarró de las
muñecas
- ¿Qué es lo que te pasa, Mery? –
- Estoy celosa porque hoy no me elegiste a mí - dijo
llorando
- ¿Celosa? Esto es tu laburo Mery, vos misma me lo
dijiste –
- ¿Es que no te das cuenta que me pasan cosas con vos?
–
- Creí que no... Como me echaste de tu casa la vez
pasada... –
- Lo hice por miedo. Tengo miedo de que esto no
funcione. De que tengas vergüenza de llevarme del brazo –
- Chiquita... - le acarició el rostro - No digas
eso... A mí nunca me importó el qué dirán - le sonrió
- Sacame de acá Gas, tengo miedo –
- ¿De qué? –
- Con todo esto, cuando vos te vayas, a mí me van a
cagar a palos –
- ¿Quién? ¿La vieja esta? –
- No, el dueño... El que coimea a la yuta para que no
lo clausuren –
- Yo no lo voy a permitir, vos te venís conmigo hoy
mismo –
Mery finalmente abrió la puerta y salió del cuarto
- Es inadmisible todo este circo, María - anunció
severamente la madame
- No se preocupe... Me voy de acá - dijo Mery,
llenándose la boca al decirlo
- ¿Y no vas a volver más? - dijo la cincuentona,
mirándola con desprecio
- No. Ya no voy a volver. Permiso –
“La reina momo todavía anda a la pesca
Del vino que me va a poner un poco tonto”
Mery y Gas se fueron del brazo rumbo a la piecita de
alquiler de ella. En el camino, compraron un Bodega López Malbec. Apenas
llegaron, ella tomó los dos vasos de vidrio de la vez anterior, y los llenó de
la tan ansiada bebida. Gas agarró el vaso, Mery hizo lo mismo con el suyo, y se
dispusieron a brindar por lo que estaba comenzando y que ellos esperaban que no
tuviera fin.
Pablo abrió sus ojos y miró la hora en el radio-reloj
que tenía en la mesita de luz. Daban las seis de la mañana. Lentamente se giró
en la cama, seguramente ella ya no estaría. Pero no. Se terminó de girar y ahí
la vio, durmiendo a su lado, tan hermosa como siempre.
Se preguntó por qué no podía ser así todos los días;
no había otra cosa que quisiera más que levantarse todos los días al lado de
Lali y mimarla y hacerla feliz como ella se lo merecía.
Muy despacito se acercó a ella y la abrazó para
continuar durmiendo. No quería despertarla. Quería que sea suya aunque sea unas
horas más.
“Siento que te quiero de verdad
Pienso que esconderlo no va más
Quiero que nos vean caminar
Sin tener que simular
Lo que doy y lo que das”
Al mediodía, el celular de Lali sonaba
insistentemente, por lo que ella se despertó y se levantó sobresaltada. Pablo
la miraba desde la cama.
- ¿Hola? ¡Mi amor! - hizo un silencio, como escuchando
a su interlocutor - Sí, sí, ya voy, me demoré un poquito nomás - volvió a hacer
silencio - No, no hace falta que pases. Te amo. Chau - colgó.
- Buen día princesa - Pablo se paró y avanzó hacia
ella
- ¿Buen día? ¿Buen día me decís? ¡Es mediodía Pablo!
¡Me tendría que haber ido hace horas! ¿Por qué no me despertaste? - le dijo
casi sin respirar
- No sé Lali, me dormí... - Lali negó con la cabeza
con el ceño fruncido - ¿Te llevo a tu casa? –
- ¿Y que alguien nos vea juntos y empiecen a hablar?
Olvídalo –
Pablo bufó. Se estaba cansando de ser sólo el segundo
en su vida. Él la amaba de verdad, y sentía que podía hacerla mucho más feliz
que cualquier otro hombre.
“El fuego se consume en soledad
Besos, que nos llevan más allá
Me devora, me devora la ansiedad
Me despierto y ya no estás
Y al final siempre es lo mismo”
- Perdón Pabli, vos sabés cómo es esto... - dijo Lali,
ya más tranquila
- Sí... Me tengo que acostumbrar, supongo –
- ¿Sabés que estaba pensando? - dijo Lali, terminando
de vestirse; la cara de Pablo se iluminó - Que no nos tendríamos que ver más -
Pablo cambió repentinamente la cara - al menos de esta forma –
- ¿Qué? ¡No! ¿Por qué? Decime por qué Lali, si yo te
amo... –
- Porque me estoy por casar con tu mejor amigo, ¿No te
parece motivo suficiente? –
- ¡Bah! - hizo un bollito con un papel que estaba a su
alcance y lo arrojó al suelo - Todos sabemos que él también te engaña y que lo
de ustedes no es amor realmente –
- Ese matrimonio nos va a beneficiar a los dos, hoy en
día ¿Quién se casa por amor? –
- Yo lo haría - dijo Pablo con la mirada enfurecida
clavada en el suelo - Yo me casaría con vos porque te amo –
Lali le acarició el pelo y lo miró con lástima.
- Abrime Pabli... No sé si voy a volver –
Lo besó apasionadamente, pero como si fuera la última
vez. Él le abrió la puerta y la cerró de un golpazo. Estaba realmente enojado.
“Y cuando estás con él, yo me quedo
aquí
Las horas nunca pasan para mí
Y basta de mentir
Si te vas con él
Ya no pienses más en mí”
A los pocos días, Pablo tuvo una idea. Quiso
demostrarle a Lali lo caballero que podía ser con ella. No podía ser tan
interesada. Un poco de corazón tenía que tener. Le escribió un mensaje
diciéndole que la esperaba esa noche y que después de eso sí que ya no iba a
molestarla.
Lali acudió con una actitud negativa. Apenas Pablo le
abrió la puerta, ella comenzó a excusarse.
- Mirá Pablo, vine porque me parece que no entendés -
decía mientras entraba a la casa - Te dije que no era buena idea seguir
viéndonos porque van a desconfiar... –
“Siento que te quiero de verdad
Pienso que esconderlo no va más
Quiero que nos vean caminar
Sin tener que simular
Lo que doy y lo que das”
Lali se quedó callada al ver el living de la casa de
Pablo con la mesa preparada a la luz de las velas, y de fondo música jazz
instrumental.
- Buenas noches princesa. Vení. - la tomó de la mano -
Sentate –
- ¿Qué es todo esto Pablo? –
- Shh - apenas susurró él - Después de tantas cosas
lindas que pasamos juntos, creo que al menos nos merecíamos una despedida así –
Lali se sentó a la mesa, sonriente, y destapó una
fuente
- ¿Qué es el menú? - observó - ¡Ay, Pablo! Mi comida
preferida - dijo al ver los canelones de verdura en salsa blanca
- Sabía que te gustaban, y no me cuesta nada
hacerlos... Esperame - Pablo se fue y
volvió con un vino blanco - Está frappè, frappè ¿Eh? - sonrió.
La feliz pareja de amantes cenó y luego, como era de
costumbre, hicieron el amor, pero esta vez, Pablo se lo hizo realmente con
amor, haciéndola sentirse amada y respetada.
- ¿Y, te gustó? - le dijo Pablo a Lali mientras se
fumaba un cigarrillo
- Me encantó - dijo Lali, recostada en el pecho de él
- siempre me gusta, pero hoy fue especial -
- ¿Seguís con tu idea de casarte sin amor? –
- Ay, Pabli, Pabli... Vos nunca me vas a entender –
- Y no, la verdad que no... Son complicadas las
mujeres – rió
- Lo tomo como un trámite... Ya podré separarme
después y volver con vos –
- Mejor sería que no lo hicieras... Que lo enfrentases
y le dijeses "estoy enamorada de Pablo" - hizo una pausa - ¿Porque lo
estás, no? –
- ¡Claro que sí! - sonrió - Pero a partir de mañana
voy a ser la mujer de... –
- ¡Ni lo digas! - la interrumpió - La mujer de
Martínez, grabate eso. Aunque no lo diga un papel –
- Siempre voy a ser tuya. Voy a volver. Mirá todo
esto. No puedo dejarte nunca - Lali observó que quedaba la última pitada del
cigarrillo - Dame - se lo sacó de la mano y fumó - Vamos a dormir
- Ojalá lo pienses bien, y mañana cuando me despierte
hayas recapacitado y sigas estando al lado mío –
- Buenas noches - le dio un beso, y se abrazaron para
dormir.
Al otro día, Pablo se despertó y miró la hora en el
radio reloj. Esta vez eran las siete. Casi siempre se despertaba entre las seis
y las ocho, era algo que no podía controlar.
“Y cuando estás con él, yo me quedo
aquí
Las horas nunca pasan para mí
Y basta de mentir
Si te vas con él
Ya no pienses más en mí.”
Se dio vuelta, lentamente, y estaba seguro de que esta
vez Lali iba a estar ahí. Tenía que haberlo elegido a él. Pero, cuando terminó
de girarse, vio una vez más la cama desarreglada, y la ausencia de Lali. Ella
no estaba allí. Seguramente se estaba preparando en su casa para su boda. Otra
vez él había quedado en segundo lugar. Cerró los ojos y volvió a dormirse.