"Tenemos que hablar". Esa frase, tan temida,
había pronunciado Cande unos momentos atrás. Agus suspiró. Conocía a esa mujer
desde hacía seis años. Durante tres había sido de él, de su propiedad. Los
otros tres los había pasado muy lejos, durmiendo en otros brazos, besando otros
labios y haciendo el amor con otras personas. Así y todo, él podía darse el
lujo de decir que era el hombre que más la conocía. Sabía todo de ella, con
sólo mirarla se daba cuenta de todo, y por eso en ese momento se daba cuenta que
lo que tenía para decir no era bueno. ¿Cuándo después de un "tenemos que
hablar" se viene algo bueno? Si uno quiere hablar de algo bueno, lo hace
sin más, sin tantos preludios. Cuando mediante eufemismos se dan vueltas antes
de decir algo, es porque lo que se viene es malo. Es como que se intenta
persuadir al destinatario, como si eso fuese a aliviar el dolor que vendría
después.
“Mientras miro el mal tiempo
Que muestra el ventanal
Caen las ramas desnudas
Que no tiemblan como vos”
Agus suspiró. Miró por la ventana, se había desatado
una terrible tormenta, las gotas de lluvia golpeaban con furia en los vidrios
del ventanal, y el viento soplaba con ímpetu, quebrando algunas ramas pequeñas
de los árboles, las cuales ya no tenían hojas a mediados del mes de Junio.
- ¿Me dejás hablar? - Cande lo sacó de sus
pensamientos, con una voz temblorosa
Agus carraspeó. Sin despegar la vista con la ventana,
emitió un sonido gutural equivalente a un sí. Eso le bastó a Cande para empezar
a hablar.
- Mirá Agus... Yo creo que no nos tenemos que ver
más... ¿Viste que siempre dicen que las segundas partes nunca fueron buenas?
Bueno, creo que es cierto... No sé, no es lo mismo... Me emocioné al verte, me
dejé llevar. Tenía un buen recuerdo de vos, no hubo día en estos tres años que
no extrañé tus besos, pero ahora que los tengo... No es lo mismo... Perdoname -
suspiró, algo agobiada de hablar tanto y tan de prisa.
“No fue bueno verte de nuevo
(No debió haber pasado nunca)
Lo que mejor te sale es provocar”
Agus quedó callado. Era obvio que Cande iba a decirle
algo así, pero no la comprendía, ¿Por qué para ella ya no era lo mismo? ¿Por
qué para él sí lo era? Él la seguía amando como antes, no veía qué era lo
distinto, y no podía concebir lo que ella planteba; pero Cande ya había
decidido.
Cande intentó irse, pero el clima azotaba bravo
afuera, y Agus no se lo permitió.
- Quedate... Mirá cómo sopla afuera... –
- Está bien - Cande se sentó frente a él
- Hubiera sido mejor que no nos volviéramos a ver,
¿No? - intentó herirla
- Es cierto... Me hubiera quedado con el buen recuerdo
de antes y no con esto que me encontré ahora... –
- ¿Qué tiene de malo ahora? - Agus se levantó de un
salto - ¿Qué tengo de malo Candela? ¿Ya no me amás? –
Cande se miraba las uñas, apretándose el escote, casi
sin quererlo, siempre provocaba, siempre lo excitaba. Agus terminó de decir eso
y la besó de prepo, con un beso fuerte, apasionado y un poco enfurecido. Al
terminar el beso la tomó del rostro
- Decime que no sentís lo mismo ¿Eh? Decime que ese
beso no te produce nada –
“Fueron un par de días
Volvimos a fingir
Que estábamos felices
De desearnos otra vez”
Y no. Cande no sentía nada. Se había enamorado sólo de
un recuerdo. Se había enamorado de lo que era ella cuando estaba con él. Pero a
pesar de que adelante de sus conocidos se mostró encantada con el reencuentro
-y todos se sintieron conformes con eso-, la realidad es que esta vez ni
siquiera ella lograba ser lo que había sido. Ya nunca más sería esa de antes.
Agus ya no lograba conmoverla.
“Vos siempre estás enamorada
De lo que intentas destruir
Dejás la luz prendida para dormir”
- Es que hay algo que se rompió, y ya no va a volver a
ser como era... Extraño ser como antes –
- Entonces el problema no está en mí - replicó Agus -
Lo que pasa es que vos cambiaste mucho, y para mal. Con tanta frivolidad
encima, nunca vas a lograr ser feliz. Te estás boicoteando a vos misma –
- Puede ser - Cande sonrió - Pero vamos, ¿Quién no
querría ostentar a una vida de lujos, aunque sea superficial? –
“No veo muy gracioso
Ir perdiendo el humor
Es un don doloroso, amor
Tu sonrisa, esta vez”
Agus no podía creer que Cande pensara así. Esa no era
su Cande. Lo que más le molestaba era su sonrisa, ¿Cómo podía sentirse
orgullosa de lo que había dicho?
La tormenta había mermado. Cande se levantó del
sillón.
- Bueno... Ahora creo que sí, que llegó mi momento -
señaló hacia afuera - Chau Agus - le dio un beso en la mejilla y él le cerró la
puerta. Se dio cuenta que nunca sería lo que ella quería.
“Pelusa muerta en los bolsillos
Y treinta y cinco mangos sucios
De miedo y de auto-encierro loco
¡Oh no! ¡Oh no! ¡Oh no!”
Hurgueteó en sus bolsillos, sólo le quedaban treinta y
cinco pesos y restos de suciedad. Él nunca hubiera entrado en el mundo frívolo
de ella. Seguramente pronto conseguiría a algún gran señor que se pasee
orgulloso de su brazo, pero sabía que Cande no iba a lograr ser feliz del todo.
Agus suspiró, y limpió el vidrio empañado con la mano mientras veía que afuera
la tormenta comenzaba de nuevo a azotar.

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