Gastón hacía varias horas que estaba bebiendo en un
viejo bar de Palermo, que más que un bar era un borracherío. Tenía una noche
pésima, ninguna linda mujer había reparado en él y ya creía que se iba a ir con
las manos vacías. Tenía bastante alcohol encima, y quería seguir tomando, hasta
que amaneciera y luego vería cómo llegar a su casa.
“Vivías lejos, nunca supe bien
Si tenías nombre, me lo olvidé”
Mientras pensaba en todo eso, la puerta se abrió, y
vio entrar por ella a una rubia despampanante y terriblemente mojada.
Intercambiaron miradas, y la rubia se sentó en la silla que quedaba libre en su
mesa.
- ¿Qué hace un angelito como vos en este lugar? –
- No soy tan angelical como parece –
- ¿Cómo te llamás, angelito? –
- Eugenia. Igual, no sé para qué me preguntás si te
vas a olvidar, rubio –
- ¿Y venís siempre por acá? –
- No, vivo lejos, hoy caí por acá –
- Este lugar ya está re quemado, y más a esta hora -
miró su reloj - Son las cinco, vamos a mi casa –
- Me parece que el que está re quemado sos vos. Pero
vamos –
“Son las cinco y Palermo tiene poco
que contar
En casa hay dos vinos si prometés que no
te enamorás”
Gas se dio cuenta enseguida que Euge no era ese angelito
que él había creído por su apariencia. Euge era más viva que él y se notaba que
los dos estaban buscando lo mismo. Por eso no dudó en llevarla al primer piso
de Díaz Vélez al 4500.
Apenas salieron pararon a un taxi, que no parecía
oficial pero tampoco les importó en absoluto. Subieron al taxi y Euge se calzó
sus lentes de sol.
“Subimos a un taxi fantasma,
asomaban los picos del sol
Otra noche, otra almohada lejos del nido y
yo sin caparazón”
- ¿Te escondés de alguien? –
- No, ¡Odio cuando el primer sol te pega en la cara! –
- Sí, es jodido - Gas le arrebató los lentes y se los
colocó él mismo. Luego la besó hasta que llegaron a destino.
- Bueno, ya sabés cómo es esto, ¿No? –
- Claro, esta noche te enamorás de mí y nos empezamos
a ver siempre - Gas la miró desorbitado y Euge rió por su expresión - ¡Es joda,
tonto! Hoy la pasamos bien y después no nos vemos más... ¡Ni tu nombre sé! -
Gas sonrió, era obvio que Euge tenía experiencia para esas situaciones.
“Siempre esta pata de palo fue más
zorra que mi corazón
Y así quedamos, fulanos de nadie (de
nadie), de nadie (de nadie)
Y está jodido mojarle una oreja a la
soledad
Digamos poco, preciosa, y brindemos por lo
que viene y se va”
Subieron las
escaleras y Gas abrió la puerta que daba al dos ambientes que alquilaba.
- Me imagino que al menos me vas a dar algo de tomar,
tengo la garganta seca - provocó Euge. Gas sirvió whisky en un vaso.
- ¿Te cabe la bebida blanca? –
- Claro, rubio, dame - Euge le quitó el vaso y comenzó
a beber de a sorbos. Gas casi no tomó, porque ya venía bastante ebrio del bar.
Euge a la media hora, ya estaba completamente ebria.
Gas la atrajo hacia él y comenzó a besarla y a
manosearla para entrar en calor. Ella no se resistió y pronto empezó a tocarlo
ella también. Se abalanzaron sobre la mesa y, sin querer, tiraron el vaso de
whisky, ya vacío, que se deshizo en pedazos en el suelo.
Este acontecimiento no les hizo mayor cuidado. Ellos
seguían en la suya, en lo que hace un rato habían empezado y sólo tenía un fin.
“Por ser de estreno el asunto no
estuvo tan mal
No hay besos campeones en un primer round”
Gas la desvistió y la hizo suya bajo las sábanas, él
dominando la situación y cuando terminaron ambos se acostaron boca arriba, en
silencio, hasta que Gas habló.
- No estuviste mal eh –
- Y eso que estoy en pedo, podría haber estado mejor –
“Después nos dormimos, creo que ni
te abracé
Afuera llovía como la penúltima vez”
Gas rió, se dio media vuelta y se quedó completamente
dormido. Euge se quedó mirando el techo unos minutos más, recordando lo que había
sucedido hace algunos instantes, hasta que finalmente el ruido de la lluvia que
se escuchaba por la ventana la venció y cayó dormida.
“Junto los vidrios de un vaso
mientras desayunás un papel
Y planeamos un viaje a Gessell que jamás
vamos a hacer”
Apenas unas horas más tarde, Euge se despertó por el
ruido que hacía Gas con una bolsa.
- Uh, te desperté - dijo Gas al ver a Euge en ropa
interior parada en su cocina
- ¿Qué hora es? –
- Las diez - dijo Gas mirando su reloj - Estaba
juntando esto, se ve que lo rompimos anoche – rió
- Te voy a tener que pagar el vaso... - rió también
- Cosas que pasan... No esperes que haga el desayuno
porque no sé hacer ni un huevo duro –
- No pasa nada - Euge se sentó a la mesa y tiró el
contenido de un pequeño sobre arriba de la misma - ¿No te jode, no? - Gas negó
con la cabeza, aunque la miraba asombrado. Euge sacó una birome sin el tanque y
comenzó a inhalar.
“Siempre este parche en el ojo fue
más lejos que mi corazón
Y así quedamos, fulanos de nadie (de
nadie), de nadie (de nadie)
Y está jodido mojarle una oreja a la
soledad
No digas nada, preciosa, y brindemos por
lo que viene y se va”
- ¿Sabés qué estaría bueno? - dijo cuando terminó de
inhalar una parte - Irnos a la costa un finde... Así para pasarla bien, sin
compromisos, ¿Eh? –
- Sí, podría ser, me copa Gesell a mí –
- Bueno, más al verano podemos ir... ¿Te dejo mi
número? - Euge, sin esperar respuesta, le escribió su número en un papel que,
de todas maneras, Gas iba a perder con rapidez.
- Bueno, ¿Te llamo un taxi? - le dijo Gas cuando vio
que Euge había terminado de consumir
- Dale. Voy a Retiro –
“Lo que nos cura se va (siempre se
va, siempre se va)
Siempre se va (siempre se va, siempre se
va)
Lo que nos cura se va (siempre se va,
siempre se va)
Siempre se va (siempre se va, siempre se
va)
Lo que nos cura se va (siempre se va,
siempre se va)
Se queda un rato, nos mima, nos miente y
después se va (siempre se va), después se va”
Apenas el vehículo se hizo presente, Euge dejó un beso
sobre los labios de Gas.
- Llamame así nos vamos a la costa ¿Eh? –
- Dale, yo te llamo. Soy Gastón –
Euge rió al ver que al despedirse recién era la
primera vez que escuchaba el nombre de ese rubio. Lo saludó con la mano
mientras se alejaba por el pasillo y salía a la calle.
Gas entró y se apresuró por limpiar los restos de la
droga, ya que si los dueños de la casa, que vivían en la parte de abajo, lo
veían, iba a traerle problemas. Ya de por sí no les gustaba que todos los fines
de semana llevase a una chica distinta, pero se lo dejaban pasar; muy distinto
hubiera sido si hubiesen encontrado algo ilegal en su propiedad. Y encima ni
siquiera era de él.
“Siempre esta pata de palo fue más
zorra que mi corazón
Y así quedamos, fulanos de nadie (de
nadie), de nadie (de nadie)
Y está jodido mojarle una oreja a la
soledad
Llenate el vaso, preciosa y brindemos por
lo que nunca será.”
Gas pensó unos instantes en la forma de ser,
arrebatada y liberal de Euge y le llamó la atención. No la iba a volver a
llamar, ya que no quería que se convirtiese en una obligación para él. Se
encargó de hacer un bollito con el papel que tenía su número y lo tiró a la
basura. Pero deseaba volver a encontrarla casualmente, o sino encontrar a
alguien como ella.

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