Cuando la persona amada se aleja de uno, y más aún
cuando dicha persona encuentra consuelo en otros brazos, uno se pregunta si
realmente valió tan poco, si lo que entregó no fue suficiente, o si será que no
lo amaron de la manera en que uno amó.
Tal era el caso de Nicolás. Él se encontraba pensando
esto mientras destapaba un vino tinto de segunda selección, y se disponía a
servirse una copa y sentarse a beber, solo, en silencio, abandonado como se
sentía desde que Cande se había ido.
“Como te quise, mi amor
Jamás te van a querer”
Él sabía que ella ya lo había reemplazado. Que tenía
un novio que la consentía, la mimaba y le tenía mucha paciencia. Pero dudaba
que la amase más que él. Nico tenía otro tipo de personalidad, era cierto, pero
era tanto el amor que tenía por esa mujer que no le cabía en el pecho, y a
veces, tampoco sabía cómo expresarse, era la primera vez que le pasaba algo
así.
“Sé que en tus ojos me van a
encontrar
Cuando lo mires a él”
Nico a veces dudaba de si Cande lo amaba tanto a él
como él a ella, pero estaba seguro que iba a extrañar esa conexión que tenían,
se comía la cabeza pensando si con su nuevo novio, al hacer cosas similares a
las que hacía con él, no lo recordaría aunque sea un poco.
Cande había dejado a Nico hacía varios meses
- La relación ya no es la misma. No sos vos, soy yo.
Deberíamos salir y divertirnos. No hay otra persona –
Todas excusas. Eso es lo que pensó Nico cuando
aquellas palabras salieron de la boca de Cande forzadamente, como un desahogo,
como si tuviese una astilla atascada en la garganta que necesitaba sacar. Más
confirmó que eran excusas cuando, tres días después, Cande blanqueó su nueva
relación.
“Nunca más me volviste a llamar
¿Seré tan fácil de olvidar?”
¿Sólo tres días le había tomado olvidarlo? ¿O sería
que, mientras vivían juntos, Cande ya habría estado haciendo el duelo? ¿Sería
por eso que los reproches de ella ya no eran constantes y que los celos habían
comenzado a espaciarse? Al recordar esto, Nico quiso volver atrás en el tiempo,
justo al punto en el que Cande dijo "basta", internamente. Pero,
además de que no era posible volver en el tiempo, tampoco encontraba en su
memoria el punto en el que pasó eso. Quizás fue en una de esas noches en que
Cande se dormía esperándolo a que viniese, totalmente alcoholizado y de
madrugada, de jugar al fútbol con sus amigos. O uno de esos Domingos en que
Cande tejía sentada sola frente al fuego, donde él se encontraba ahora, esperando
a que él volviese de la cancha.
“¿Cómo puedes vivir sin mí?
Si yo me muero por vos”
Lo cierto era que Cande ya no estaba. Que se había ido
atrás de alguien un poco mejor, o que al menos cumplía con sus expectativas.
Que no le quitaba tiempo a ella dedicándoselo a otras cosas.
“Cómo se va, se va la vida
Mi corazón nunca te olvida”
Los meses iban pasando, Nico se sentía más viejo, más
cansado, y con más experiencia. Si Cande se lo permitiera, él no volvería a
cometer tantos errores. Pero ella jamás había vuelto a comunicarse, pese a la
insistencia de él.
“¿Dónde estarás, corazón?
¿Por qué me dejaste?
Perdí totalmente el control
Voy por mucho más”
Nico había estado intentando por todos los medios enterarse
dónde estaba viviendo Cande. Le llegó un rumor de que podía encontrarla en la
zona sur del Gran Buenos Aires. Él no se iba a quedar con que sólo era un
rumor, no; él iba a ir y averiguar si era cierto, si la encontraba, cómo estaba
ella y si lo extrañaba.
El amigo que le pasó la dirección de la localidad de
Llavallol, también le dijo que tuviera cuidado, que no fuera un lanzado, que
piense primero que Cande tenía a otra persona en su vida. Pero a Nico nada de
esto le importó. Sí, a su amigo le dijo que iba a tomar todo con calma,
pero esa noche había tomado la decisión.
“Soy como un tornado
Que arrasa por donde pasa
Soy esa avalancha
Que entrará a tu casa sin antes golpear”
Dos copas de vino fueron suficientes. Media botella; y
ya se encontraba en la Costera camino a Llavallol. Bajó, luego de un poco más
de una hora de viaje, en la rotonda de dicha localidad. Y arrancó a caminar. Le
preguntó por la dirección a las pocas personas que deambulaban a las once de la
noche por las calles del sur; y entre indicación e indicación llegó a destino.
“Cómo se va, se va la vida
Mi corazón nunca te olvida”
Era una casa sin rejas, por lo que pudo entrar hasta
la puerta principal y golpearla, y casi enseguida se asomó por ella una
asombrada Candela.
- ¿Qué hacés acá, Nicolás? ¿Cómo me encontraste? ¿Cómo
llegaste? –
- Te vine a buscar... Te extraño demasiado... Me
pasaron la data y no podía quedarme con la duda... Vine un poco en la Costera y
otro poco caminando... –
- ¡No! ¡Vos no podés estar acá, andate! -
- ¿Está él ahí adentro? Si es tan machito y te ama
tanto, que salga -
- ¡No hagás papelones! Él no está... Trabaja de
noche... -
- ¿No me vas a hacer pasar? -
- ¡No! ¡Andate Nicolás! ¡Andate con tus amiguitos, tu
fútbol y tu bendito Racing! -
- Vos sos más importante que todo eso... Perdón si no
me di cuenta antes... -
- Ya es tarde - suspiró - Ya desperdicié a tu lado
mucho tiempo que no va a volver, te llevaste los mejores años de mi juventud y
ni siquiera los disfruté tanto como hubiera querido –
“Cómo se va, se va la vida,
Mi corazón nunca te olvida”
- ¿Por qué sos tan cruel? - dijo Nico, herido
- Sólo soy realista. Perdón si no es lo que querías
escuchar - agachó la mirada y ambos quedaron en silencio - No extraño nada de esa
vida - agregó luego de unos segundos.
“Cómo se va, se va la vida,
Mi corazón nunca te olvida
Nunca te olvida”
Nico comprendió que Cande no iba a volver. A él sólo
le quedaba un último pedido, y se lo iba a hacer aunque tenía miedo de que la
respuesta sea un cachetazo de parte de ella. Pero aun así se lo planteó.
- Está bien, me voy a ir y te prometo que no vuelvo
más. Te dejo que rehagas tu vida tranquila -
- Mejor que me entiendas... - Cande estaba por entrar
y Nico la detuvo
- Pero tengo un último pedido que hacerte... El último
y ya no te molesto más... -
- ¿Cuál? - dijo Cande, dudosa y con el ceño fruncido
- Quiero que hagamos el amor por última vez, y que ese
sea mi último recuerdo tuyo -
- ¿¡Qué!? ¿Vos estás loco? -
- Por favor... - le rogó Nico con una mirada
compradora
- Está bien... - suspiró Cande - Supongo que nos
merecemos esta despedida... -
“Yo no te extraño, no, no, no,
no
No te extraño nada, absolutamente nada
Y esta avalancha está a punto de caer”
Cande lo hizo pasar. Su novio no llegaría hasta la
mañana siguiente. Sin decir ninguna palabra, ambos comenzaron a desvestirse
mutuamente. Se dieron algunos besos, y luego consumaron, por más que ya no
hubiera amor, la pasión entre ellos no se apagaba. Cuando ambos llegaron al
orgasmo y quedaron satisfechos, Nico comenzó a vestirse. Cande se acurrucó en
su cama; él la tapó, ya vestido, la besó en los labios y le susurró un adiós.
Para cuando Nico había atravesado la puerta, Cande ya dormía plácidamente. Nico
comenzó a caminar. Eran la una y veinte de la mañana, y todavía tenía que
caminar muchas cuadras hasta llegar a la parada de la Costera.
“Mi corazón nunca te olvida.”

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